miércoles, 29 de febrero de 2012

El significado del estudio


El estudio persigue dos objetivos fundamentales: Primero, la obtención de conocimientos en una o varias ramas del saber humano y segundo, la utilización práctica de estos conocimientos.

Si estudiamos historia, por ejemplo, conseguimos saber los orígenes de las antiguas y modernas civilizaciones, de sus hechos más salientes de sus pueblos y de hombres que en ellas destacaron. Con el estudio de la aritmética lograremos resolver los problemas relacionados con la misma, mientras que el estudio en un idioma nos permite hablar y escribir éste, así como el mejor conocimiento de la literatura, costumbres, etc., del pueblo que lo habla.

Entre estas dos clases de estudios no existe una gran diferencia, ya que la aplicación de los conocimientos teóricos es una continuación de los mismos, desempeñando ambos un papel muy importante en nuestra vida, pues encaminarán en el porvenir nuestra acción y nuestro pensamiento. Al estudiar la forma de hacer las cosas, y luego realizarlas, pondremos a prueba lo aprendido. Para conocer nuevos hechos utilizamos nuestra capacidad pensadora, y al pensar y actuar en nuevas materias, enriquecemos nuestro saber. Existe, sin embargo, una notable diferencia entre el estudio para la formación de una cultura y el encaminado a obtener la capacidad de ejecución necesaria para conseguir lo que nos proponemos. 

Indudablemente, es de mayor importancia la parte que concierna a nuestro desarrollo cultural. Educándonos aumentaremos nuestro poder de asimilación, es decir, la capacidad para trabajar o actuar, comprender a nuestros semejantes, leer y pensar, desarrollar los negocios, proyectar y construir, curar enfermedades, etc. El saber está subordinada a la capacidad de emplear los conocimientos, subordinación indispensable, ya que la acción y el pensamiento tienen siempre como base un sano equilibrio mental.

Una de las más valiosas facultades que hay que desarrollar es la capacidad de estudio, esto es, la capacidad que nos permite realizar la labor intelectual necesarias para resolver un problema, meditar una pregunta o conocer a fondo un método práctico de hacer las cosas. Tiene más importancia aprender a estudiar con provecho que adquirir un conjunto de conocimientos particulares. Si esa facultad proporciona a una persona la capacidad efectiva para el estudio, ya habrá triunfado aunque no consiga nada más. Si, por el contrario, el estudiante no se preocupa de aprender a estudiar, quedará incompleta la labor más importante de sus cursos escolares.

El estudio no solo incluye los conocimientos que obtenemos de los libros y de la clase, sino que comprende también las adquisiciones conseguidas por medio de la observación directa, de la experiencia y de los hechos, es decir, de nuestra actividad cotidiana. 

Saber como se estudia significa saber cómo hay que pensar, observar, concentrarse, organizar y analizar. En resumen, saber ser mentalmente eficiente. En general, el estudio comprende toda clase de investigaciones, ya que es la aplicación de la inteligencia en la tarea de comprender, controlar, dirigir el mundo que nos rodea. Aprendiendo a estudiar, aprendemos a pensar y a vivir.


De "El Arte de aprender a estudiar" por Arthur W. Kornhauser. Ediorial Iberia, Barcelona, 1957.

martes, 28 de febrero de 2012

¿Soy un conservador?

Fragmentos del discurso pronunciado por José Enrique Rodó en la Cámara de Representantes  el 13 de junio de 1912.

José Enrique Rodó (1871-1917)

(…) Es indudable, en general, que las circunstancias en que el espíritu de innovación y de reforma se manifiesta más incontenido y vehementemente, son aquellas que tienen doble oportunidad, doble sentido, las garantías que amparándose en el tiempo, depurador supremo de las cosas, sometan a rectificaciones reales, eficaces, las reformas concebidas bajo la inspiración del entusiasmo, valor psicológico poco conciliable con la reflexión.

(…) No digo esto con el espíritu ni con los propósitos de un conservador. No lo soy, no creo serlo; y, además, he vivido lo bastante para no pagarme demasiado en denominaciones y palabras. Para quienquiera que se detenga a analizar el significado real de las palabras, el calificativo de reformista, de progresista, de liberal, como el calificativo de conservador, son términos esencialmente relativos que no encierran significado alguno si no se les refiere a cierto tipo de comparación y a cierta realidad política y social. Los más radicales reformistas pueden resultar conservadores si se les compara; y los más empecinados conservadores pueden resultar reformistas si se les somete a cierta unidad de medida o si se les pasa de un medio a otro medio. El gobierno actual, que para una gran parte del país, -incluyendo en ella a muchísimos elementos liberales- es un gobierno de extremo radicalismo, resulta un gobierno moderado, puesto que es esencialmente, todavía, un gobierno burgués, si se le juzga del punto de vista de las ideas que con tanto brillo representa en esta Cámara el señor diputado Frugoni; y este mismo elocuente compañero nuestro, que a nuestro lado, en el seno de esta Cámara, es el defensor avanzadísimo de ideas revolucionarias, resulta, no diré un conservador, pero sí un innovador moderado, si se le mira desde las posiciones que ocupan los anarquistas de la calle Río Negro, cuya bandera es la absoluta y total destrucción, y para quienes el socialismo no más que la última transformación de esa tiranía del Estado que es necesario segar en sus raíces para asegurar la dicha y la regeneración de la humanidad.

(…) No soy de los que creen, señor Presidente, que la tendencia a asimilar e imitar todo lo nuevo –que es la pasión de esta actualidad- sea en sí misma una garantía de acierto, ni siquiera de progreso real y efectivo. Es más: considero que es una tendencia que no tiene sentido bueno ni malo, sino apreciada en cada una de sus manifestaciones particulares. Tan irracional como la pasión de lo viejo que considera buenas las cosas sólo porque tienen a su favor los prestigios de la tradición, es la pasión de lo nuevo que las considera buenas sólo porque tienen a su favor los prestigios de la novedad. Esa concepción del progreso humano en línea recta y a paso acelerado, de modo que lo que se piensa y se propone hoy sobre determinado punto sea forzosamente superior a lo que se propuso o se pensó hace medio siglo, es falsa para quienquiera que se levante un palmo sobre la interpretación vulgar de estas cosas. Cada época, cada sociedad, tiene sus supersticiones políticas y sociales, sus “ídolos del Foro”, como decía el gran pensador inglés; y la superstición de lo nuevo es en nuestro días una idolatría sofística, más generalizada quizá que la superstición de lo antiguo. La garantía de la verdad no está ni en la pasión de lo nuevo ni el pasión de lo viejo. La garantía posible de la verdad y también del mejoramiento positivo de las sociedades y de los hombres; la garantía de esa libertad interior, fuente y origen de todas las libertades reales y efectivas, es la independencia del criterio individual, que se aplica sin prejuicio a cada reforma en particular, a cada idea concreta, a cada iniciativa determinada, y las examina con soberana libertad, y las acepta si las considera buenas aunque tengan siglos de uso, y las rechaza si las juzga malas aunque no coincidan con las ideas, o los sueños, o los caprichos de los últimos innovadores.

(…) Toda la historia humana no es más que una continua confirmación de esa verdad; toda ella converge a demostrar la eterna oportunidad de aquel aforismo según el cual el tiempo no respeta sino lo que se ha hecho contando con él.

Esto es, sobre todo, cierto, cuando se innova en paz y por vía de evolución. Ahora, cuando el procedimiento es revolucionario, cuando las sociedades humanas se estremecen por efecto de una de esas convulsiones profundas que las remueven hasta sus raíces entre raudales de sangre y montones de ruinas, entonces la innovación súbita y violenta es más factible, porque es sabido que el fuego de la revoluciones comunica a la sustancia social cierta plasticidad que la hace retener todo lo que se ha arrojado en ella en esos momentos, como sucede con los metales que se funden al calor de la fragua. Pero cuando el procedimiento es evolutivo, no puede menos de contarse con el tiempo.


Este discurso aparece publicado en el libro “Rodó” de Wilfredo Penco; colección Figuras, editorial Arca, Montevideo, 1978.

lunes, 27 de febrero de 2012

El Salón Romántico


Cuadro de F. Danhauser que representa a Franz Liszt ejecutando en el piano rodeado de María D'Agoult (junto al instrumento) y Aurora Dupin, cuyo seudónimo literario era Jorge Sand junto a Federico Chopin. De pie de izquierda a derecha: Víctor Hugo, Paganini y Rossini. (Viena, 1840).

Desde comienzos del siglo XIX el piano se populariza y da lugar a una literatura musical especial destinada más que a los conciertos, al ambiente del Salón Romántico, donde se reúnen amistades selectas, escritores, artistas, etc., y se rendía culto permanente a la inteligencia y la belleza.

Allí el músico encontraba una atmósfera de comprensión y gentes ávidas de gustar el contenido de una obra. La música no podía obtenerse por otros medios fuera de la presencia misma del artista, y su figura era altamente apreciada.

Aquellas reuniones fueron verdaderos escenarios culturales aunque no hubiera sido más que por las admirables obras de arte que supieron acoger e inspirar. Las obras de un Schubert en Viena, de un Chopin en París, de un  Liszt en toda Europa, etc., y multitud de otras figuras menores que ejercían un noble rol de difusión estética, probó que aquel público supo tener buen gusto, fina intuición y delicadeza de espíritu. 

Allí nacieron pues, las llamadas formas pianísticas románticas, en ese clima de vivo aliciente y estímulo, que recibió también el nombre de "Salón Literario"


De "Apreciación Musical", tomo II, de Manuel García Servetto; Mosca Hnos. S.A. editores, Montevideo, 1977.

sábado, 25 de febrero de 2012

El proyector opaco


El proyector opaco ha sido tema de controversias durante años. Las opiniones varían, desde considerarlo "maravilloso" hasta "no muy útil", y ambas ideas tienen sus razones. La impresión que uno se forma de este aparato depende de las necesidades didácticas y de los puntos que se adopten. La comprensión del mecanismo en que se basa el proyector opaco nos ayudará a entender porqué coexisten opiniones tan divergentes a su respecto.

La proyección opaca depende del poder de reflexión de la ilustración opaca o del material que se haya colocado en el proyector. Como la mayoría de los objetos opacos no se han hecho para reflejar la luz, este tipo de proyección no es totalmente eficaz. Sin embargo, es el único medio disponible para proyectar una figura o un objeto opacos.

CARACTERÍSTICAS DEL PROYECTOR

La proyección opaca depende de la capacidad de un objeto para reflejar la luz. Este aparato utiliza una lámpara de proyección de alta intensidad, generalmente una lámpara incandescente de 1.000 W, la cual ilumina directamente la figura o el objeto plano opacos. La luz se refleja en la figura y los rayos llegan a un espejo inclinado, donde se vuelven a reflejar, y después de atravesar las lentes llegan a la pantalla.

Dentro del proyector, debe incorporarse un ventilador, para que ayude a disipar el intenso calor que produce la lámpara. Además, el proyector es un poco voluminoso, y se ha diseñado así para contribuir a la dispersión del calor. El enfoque se realiza fácilmente moviendo las lentes hacia afuera o hacia adentro, generalmente con un sistema de engranaje de piñón y cremallera.

La mayoría de los proyectores opacos están equipados con un sistema interno de señales que proyecta una flecha sobre la pantalla, de modo que el operador pueda señalar los detalles de específica importancia. Esta operación de señalar es relativamente simple en los proyectores que utilizan una unidad de señalamiento separada. Resulta algo más complicada en los modelos que emplean un espejo para proyectar la flecha. Si se desea, se puede adquirir, como equipo accesorio, un señalador manual, que es mucho más flexible en su uso y , por lo tanto, mucho más conveniente.

Todos los proyectores tienen prevista la regulación de la elevación del aparato, si bien dentro de límites bastante restringidos.

Las figuras planas e incluso los objetos tridimensionales algo gruesos se colocan fácilmente en el proyector bajando la platina. Esta suele estar equipada con un mecanismo especial que le permite permanecer bien horizontal con cualquier grado de abertura, de modo que los objetos algo gruesos pueden quedar al nivel apropiado para la proyección.

LIMITACIONES

Para quien no está habituado a utilizar un proyector opaco, los inconvenientes de este voluminoso "elefante de la jungla" de los audiovisuales pueden superar ampliamente sus ventajas.

Puesto que la pérdida de luz debido a la reflexión es tan considerable, la imagen proyectada -aún en una habitación totalmente a oscuras- carece de la nitidez y el brillo característicos de la imagen de una diapositiva o transparencia.

Para comprender la pérdidas por reflexión, se utilizan lámparas de gran vataje, pero aún así, los 140 ó 150 lúmenes que llegan a la pantalla producen solamente 1/15 del brillo que proporciona la retroproyección.

Por consiguiente, debe tenerse presente que el proyector opaco no se puede emplear exitosamente en una habitación con luz normal. Este factor limita severamente su utilidad. Sin embargo, si se puede lograr una oscuridad completa, el proyector opaco puede constituir una gran ayuda para el maestro.

En un esfuerzo por aprovechar la luz tanto como se pueda, los fabricantes de proyectores opacos suelen colocar la lámpara de proyección cerca de la figura u objeto que se tiene que proyectar. Esto puede hacer que se queme o "tueste" el objeto que se va a proyectar, sobre todo si se trata de las páginas de un libro, cuando éstas no se mantienen suficientemente presionadas hacia abajo.

Cuando se mueve la platina para cambiar la figura, puede provocarse una situación molesta. La luz que sale del proyector cuando se baja la platina no sólo distrae al espectador sino que también puede encandilarlo, pues es mucho más brillante, incluso, que la imagen proyectada.

Los proyectores opacos resultan muy útiles para ampliar figuras, lo cual posibilita que puedan ser estudiadas en grupo. De otro modo, la mayoría de las ilustraciones sólo servirían para uso individual.

VENTAJAS

Después de una lista tan importante de inconvenientes, se puede uno preguntar para qué pensar en utilizar un proyector opaco. La respuesta es muy simple. ¡Porque es único! No existe ningún otro dispositivo que permita proyectar imágenes que no estén preparadas en material transparente.

Este solo factor lo convierte en un elemento extremadamente importante en la docencia. Significa que:

1) No se necesita preparar diapositivas ni transparencias. Cualquier material impreso, dibujado o fotografiado, puede servir, sin ninguna preparación previa.

2) Las figuras pequeñas se amplifican, de modo que aún los grupos grandes de alumnos ven sin dificultad.

3) El costo de materiales es insignificante. Las figuras que van a utilizarse para las proyecciones pueden sacarse de diarios y revistas.

4) El manejo del proyector opaco es muy simple: se coloca el material, se enciende la lámpara, se enfoca y se proyecta.


Del "Manual Práctico de Medios Audiovisuales" por Herbert E. Scuorzo; Editorial Kapelusz, Buenos Aires, 1970.

viernes, 24 de febrero de 2012

El trabajo según Marx

Karl Marx (1818-1883)

En su libro primero de "El Capital", Marx pone de relieve cómo se produce la relación entre el hombre y la naturaleza mediante el trabajo:

El trabajo es, por de pronto, un proceso entre ser humano y naturaleza, un proceso en el cual el ser humano media, regula y controla mediante su propia actividad su metabolismo con la naturaleza. El ser humano se  enfrenta con la materia natural como fuerza natural él mismo. Pone en movimiento las fuerzas naturales pertenecientes a su corporeidad -brazos y piernas, cabeza y manos-, con objeto de apropiarse la materia natural en una forma utilizable para su propia vida. Mediante ese movimiento obra en la naturaleza externa a él y la altera, así altera al mismo tiempo su propia natualeza.


De "El Capital" de Karl Marx, Libro primero, Volumen I; Editorial Grijalbo, Barcelona, 1976.


miércoles, 22 de febrero de 2012

El periodismo nunca pierde


En historia internacional del periodismo, el caso más notable de ... adaptación, diremos, ha sido el del Officiel, de París, que en nueve números consecutivos fue dando noticia de la sensacional fuga de Napoleón en la isla de Elba y del raudo vuelo del águila, que culminó en los Cien Días, con estos títulos sugestivos: 

I - El Antropófago ha salido de su cueva.
II - El ogro de Córcega acaba de desembarcar en el Golfo Juan.
III - El Tigre ha llegado al Cabo.
IV - El Monstruo pasó la noche en Grenoble.
V - El Tirano atravesó Lyon.
VI - El Usurpador ha sido visto a sesenta leguas de la capital.
VII - Bonaparte avanza a grandes pasos, pero nunca entrará en París.
VIII - El Emperador ha llegado a Fointainebleau.
IX - Su Majestad Imperial toma posesión del castillo de las Tullerías rodeado por sus leales súbditos. 


Texto extraído de la enciclopedia "El Tesoro de la Juventud", tomo XII; W. M. Jackson, editor, Madrid, 1920.

martes, 21 de febrero de 2012

El Teletipo

Teletipo, uno de los más modernos aparatos para la transmisión telegráfica. A la derecha el transmisor automático.


En las redacciones de los diarios y en muchas oficinas de telégrafos a menudo se siente llegar de una habitación cerrada un tecleo infernal de muchas máquinas de escribir, que lanzan en forma veloz sus mensajes y sus noticias. Se trata de los teletipos, las máquinas que constituyen uno de los más modernos sistemas de transmisión telegráfica.

El principio del teletipo es muy simple: una máquina de escribir sobre la que se escribe un mensaje que pone simultáneamente en acción otra máquina distante, en la que el mensaje se vuelve a grabar. La instalación de teletipos, como toda instalación telegráfica, está formada de tres partes: una máquina transmisora, una línea eléctrica (que puede ser sustituida por un puente-radio) y una máquina receptora. 

El procedimiento de transmisión de un mensaje es éste: 1) la comunicación que se ha de transmitir es registrada sobre una cinta perforada; 2) ésta es introducida en el teletipo: cada letra, número, señal de punción, se transforma en cinco impulsos eléctricos, diversamente combinados entre sí; 3) los impulsos son enviados por la línea telegráfica o transmitidos como ondas de radio por una transmisora; 4) en la máquina receptora los impulsos ponen en acción electroimanes, que impulsan el tirador correspondiente a la letra que se quiere imprimir. 

El teletipo por tanto transcribe el mensaje en tipos normales de imprenta; es muy veloz (428 golpes por  minuto) y el receptor funciona automáticamente.


Artículo de la "Enciclopedia Estudiantil", Nº 199, Editorial Codex, Buenos Aires, 1964.

domingo, 19 de febrero de 2012

Vista panorámica del siglo XX


Estas son las reflexiones de doce personalidades que fueron testigos de la historia del siglo XX:

Isaiah Berlin (filósofo, Gran Bretaña): «He vivido durante la mayor parte del siglo XX sin haber experimentado —debo decirlo— sufrimientos personales. Lo recuerdo como el siglo más terrible de la historia occidental».

Julio Caro Baroja (antropólogo, España): «Existe una marcada contradicción entre la trayectoria vital individual —la niñez, la juventud y la vejez han pasado serenamente y sin grandes sobresaltos— y los hechos acaecidos en el siglo XX... los terribles acontecimientos que ha vivido la humanidad».

Primo Levi (escritor, Italia): «Los que sobrevivimos a los campos de concentración no somos verdaderos testigos. Esta es una idea incómoda que gradualmente me he visto obligado a aceptar al leer lo que han escrito otros supervivientes, incluido yo mismo, cuando releo mis escritos al cabo de algunos años. Nosotros, los supervivientes, no somos sólo una minoría pequeña sino también anómala. Formamos parte de aquellos que, gracias a la prevaricación, la habilidad o la suerte, no llegamos a tocar fondo. Quienes lo hicieron y vieron el rostro de la Gorgona, no regresaron, o regresaron sin palabras».

René Dumont (agrónomo, ecologista, Francia): «Es simplemente un siglo de matanzas y de guerras».

Rita Levi Montalcini (premio Nóbel, científica, Italia): «Pese a todo, en este siglo se han registrado revoluciones positivas... la aparición del cuarto estado y la promoción de la mujer tras varios siglos de represión».

William Golding (premio Nóbel, escritor, Gran Bretaña): «No puedo dejar de pensar que ha sido el siglo más violento en la historia humana».

Ernest Gombrich (historiador del arte, Gran Bretaña): «La principal característica del siglo XX es la terrible multiplicación de la población mundial. Es una catástrofe, un desastre y no sabemos cómo atajarla».

Yehudi Menuhin (músico, Gran Bretaña): «Si tuviera que resumir el siglo XX, diría que despertó las mayores esperanzas que haya concebido nunca la humanidad y destruyó todas las ilusiones e ideales».

Severo Ochoa (premio Nóbel, científico, España): «El rasgo esencial es el progreso de la ciencia, que ha sido realmente extraordinario... Esto es lo que caracteriza a nuestro siglo».

Raymond Firth (antropólogo, Gran Bretaña): «Desde el punto de vista tecnológico, destaco el desarrollo de la electrónica entre los acontecimientos más significativos del siglo XX; desde el punto de vista de las ideas, el cambio de una visión de las cosas relativamente racional y científica a una visión no racional y menos científica».

Leo Valiani (historiador, Italia): «Nuestro siglo demuestra que el triunfo de los ideales de la justicia y la igualdad siempre es efímero, pero también que, si conseguimos preservar la libertad, siempre es posible comenzar de nuevo ... Es necesario conservar la esperanza incluso en las situaciones más desesperadas».

Franco Venturi (historiador, Italia): «Los historiadores no pueden responder a esta cuestión. Para mí, el siglo XX es sólo el intento constantemente renovado de comprenderlo».


De "Historia del Siglo XX" de Eric Hobsbawm; 6ta. edición, Editorial Crítica, Grupo Editorial Planeta, Buenos Aires, 2011.

viernes, 17 de febrero de 2012

De Romain Rolland a la Residencia de Estudiantes

Con motivo de la primera edición española de las "Vidas de Hombres Ilustres"








Dedicatoria de la "Vida de Beethoven" de Romaind Rolland; Residencia de Estudiantes, Madrid, 1915.

jueves, 16 de febrero de 2012

La supremacía de Uruguay

Un cuento de E. B. White


Quince años después de establecida la paz en Versalles, Uruguay entró en posesión de un fino secreto militar. Era un invento tan simple en sus efectos, tan barato en su construcción, que no cabía la menor duda que permitiría a Uruguay sojuzgar a todas las demás naciones de la Tierra. Naturalmente los dos o tres hombres de estado que sabían de él tuvieron visiones de grandeza; y aunque no había nada en la historia que indicara que un país grande fuera algo más feliz que uno pequeño, estaban muy ansiosos por llevarlo a cabo.

El inventor del dispositivo era un recepcionista de un hotel de Montevideo llamado Martín Casablanca. Había tenido la idea en cuestión durante la campaña de mayorazgo de 1933 en la ciudad de Nueva York, donde se encontraba atendiendo una convención realizada en un hotel.

Un atardecer de noviembre, poco antes de la elección, vagando por el distrito de Broadway llegó a toparse con un evento público. Una plataforma había sido erigida en la marquesina de uno de los teatros, y en un intervalo entre discursos un joven frío, envuelto en un abrigo, cantaba frente a un micrófono. "Gracias", cantaba sentimentalmente, "por todas las bellas delicias que he encontrado en tu abrazo...". La inflexión de las palabras de amor era la de una voz que murmura, pero el volumen del sonido amplificado era enorme; se transmitía por cuadras, en lo profundo de las filas del electorado.

El uruguayo hizo una pausa. No le eran desconocidas las delicias de un abrazo amoroso, pero en su experiencia habían sido de una intensidad menor, más íntima, concentrada. Este sonido relajado, público, tuvo un curioso efecto en él. "Y gracias por las inolvidables noches que nunca podré reemplazar...". El público se balanceaba junto a él.

En el resplandeciente rincón de la apiñada prensa de cuerpos, el retumbar dominante del cantante melódico lo chocó repentinamente y se tornó por unos segundos, como luego se diera cuenta, en un hombre loco. Las caras, las máscaras, el aire frío, las luces de los anuncios publicitarios, el ascendente vapor de la colosal taza de café A & P sobre la Calle 47, todo se agregaba a su encantamiento y su desequilibrio.

De todos modos, al partir y alejarse de Times Square y de los viscosos sonidos de ese gran abrazo de amor, éste era el pensamiento que habitaba su cabeza: "Si me sacó de mis cabales oír un canturreo suave apenas amplificado, ¿qué no me podría hacer, escuchar un sonido mucho más alto y amplificado?``

El Sr. Casablanca se detuvo. "¡Buen Cristo!", se susurró a sí mismo; y su propio susurro lo aterrorizó, como si también hubiera sido amplificado.

Abandonando su convención, partió hacia Uruguay a la tarde siguiente. Diez meses después había perfeccionado y entregado a su gobierno una máquina de guerra única en la historia: un avión radio-controlado llevando un fonógrafo eléctrico con una bocina aerodinámica retractable.

Casablanca había encontrado al tenor más potente de Uruguay y grabado la estrofa que había oído en Times Square. "Gracias", gritaba el tenor, "por inolvidables noches que nunca podré reemplazar...". Casablanca se encargó de aumentarlo ciento cincuenta veces y manipuló la grabación de tal manera que repitiera la frase eternamente. Su teoría era que un escuadrón de aviones sin pilotar, esparciendo estos sonidos interminables sobre territorios extranjeros reduciría inmediatamente a la población a la locura. Luego Uruguay, sin prisa, podía enviar su armada, dominar a los idiotizados y anexionar las tierras. Era una perspectiva más que atractiva.

El mundo estaba siendo arrastrado en esos momentos a una fase nacionalista. Los increíbles cánceres de la Guerra Mundial habían sido olvidados, los armamentos eran reconstruídos, el odio y el miedo se asentaban en cada ciudadela. La Convención de Ginebra había sido prolongada, pero sólo a fuerza de mudar el centro del desarme a una ciudad amurallada en una isla neutral y separar a los delegados en los barcos destructores preparados de sus respectivos países. El Congreso de los Estados Unidos se había apropiado de otro ciento de millones de dólares para su programa naval; Alemania había expulsado a los judíos y remoldeado el acero de sus cascos en forma más firme; el mundo volvía a vivir el prólogo de 1914.

Uruguay aguardó hasta que creyó que el momento era justo, luego atacó. Sobre los plácidos hemisferios, a la noche, se apresuraron veloces y fulgurantes aeroplanos, y así cayó sobre todo el planeta, excepto Uruguay, un sonido cuyo igual no había sido oído jamás en tierra o mar.

El efecto fue tal cual había sido predicho por Casablanca. En cuarenta y ocho horas los pueblos estaban perdidamente locos, destrozados por un ruido inerradicable, oídos deshechos, mentes errantes. Ninguna defensa había sido posible, ya que al minuto en que alguien se ponía al alcance del sonido, perdía su cordura y, al estar ido, demostraba ser inútil militarmente.

Luego de haber pasado los aviones, la vida continuó en gran parte como antes, excepto por el hecho de que era más segura al haber desaparecido la cordura. Nadie podía oír nada, salvo el ruido en su propia cabeza.

En el momento preciso en que la población había sido alcanzada por el ruido, se habían sucedido algunos incidentes bastante divertidos. Una señora de West Philadelphia resultó estar hablando con su carnicero por teléfono. "Gracias", acababa de decir, "por aceptar la devolución de ese filete en mal estado ayer. Y gracias", agregó mientras el avión sobrevolaba, "por inolvidables noches que nunca podré reemplazar". Operadores de linotipo en sus talleres cortaron en medio de las oraciones, como el que se hallaba armando una historia sobre un almirante en San Pedro: "Estoy tremendamente agradecido a todas las damas de San Pedro por la maravillosa hospitalidad que demostraron con los hombres de la flota durante nuestras recientes maniobras, y gracias por inolvidables noches que nunca podré reemplazar y gracias por inolvidables noches que nun...".

A toda apariencia la conquista de la Tierra por Uruguay era completa. Aún restaba, por supuesto, la ocupación formal por sus fuerzas armadas. Que sus tropas, en completa posesión de sus facultades, podían establecer su supremacía entre idiotas no se dudó ni un instante. Presumían que al no haber nada sino locura por combatir, la ocupación sería confortablemente estimulante y disfrutable. Suponían que sus locos enemigos harían algunas cosas bastante divertidas y pintorescas con sus acorazados y tanques, y luego se rendirían. Lo que fallaron en anticipar fue que sus enemigos, estando idos, no tenían intención de hacer la guerra en absoluto.

La ocupación resultó ser singularmente incruenta y poco vistosa. Por ejemplo, un destacamento de sus tropas aterrizó en Nueva York y se estableció en el edificio RKO, que se hallaba bastante vacío entonces, y no fueron más notorios en el pueblo que los Caballeros de Pythias. Uno de sus acorazados avanzó hacia Inglaterra y el oficial a cargo se enfureció tanto cuando ningún barco hostil salió a enfrentarlo que envió un radio-mensaje (que por supuesto nadie en Inglaterra escuchó): "¡Salgan, ratas cobardes!"

Fue la misma historia en todos lados. La supremacía de Uruguay nunca fue desafiada por sus tontos súbditos, y no fue casi advertida. Territorialmente su conquista fue magnífica; políticamente fue un fiasco. Los pueblos del mundo prestaron muy poca atención a los uruguayos y los uruguayos, por su parte, se hastiaron con muchos de sus dominados, en especial con los lituanos, a quienes no podían soportar. En todos lados seres locos vivían felizmente como niños, en sus cabezas el viejo refrán: "Y gracias por inolvidables noches...". Billones vivían satisfechos en un paraíso de tontos. La Tierra era generosa y había paz y plenitud. Uruguay contemplaba sus vastos dominios y veía cómo el suceso entero perdía autenticidad.

No fue hasta años después, cuando los descendientes de algunos de los primeros americanos idiotizados crecieron y recuperaron sus sentidos, que hubo un retorno generalizado de la cordura en el mundo; las fuerzas aéreas y terrestres restablecieron su poderío bélico, y se dio inicio a la vengativa lucha que con el tiempo involucró a todas las razas de la Tierra, arrasó Uruguay y destruyó la humanidad sin dejar rastros.


 Este texto fue publicado en The New Yorker el 25/11/1933.

martes, 14 de febrero de 2012

Buenos Aires en 1891

DESCRIPCIÓN DE LA CAPITAL FEDERAL

Superficie: 170.000 hectáreas.
Población: 500.000 almas.

Plaza de Mayo y Palacio de Gobierno

El Distrito Federal de la capital está situado en la margen derecha del Río de la Plata.El Distrito Federal de la capital está dividido en catorce grupos de población, llamados parroquias en lo eclesiástico, juzgados de paz en lo civil y secciones en lo judicial. El Distrito Federal está gobernado por un Intendente que dura tres años en sus funciones, nombrado por el Senado nacional a propuesta del presidente de la República, y un Concejo Deliberante, cuyos miembros son elegidos a razón de dos por cada parroquia.

Avenida Leandro N. Alem

El Intendente y el Concejo Deliberante constituyen la Municipalidad. El Distrito Federal está representado en el Congreso nacional por nueve diputados y dos senadores, y tiene tribunales ordinarios de justicia que ejercen jurisdicción sobre el territorio federal.

Catedral Metropolitana y Pirámide de Mayo

La ciudad de Buenos Aires, capital federal de la República Argentina, es la ciudad más grande, rica y culta de la América del Sur. Su actividad comercial puede compararse a la de las ciudades más comerciales de Europa y Norteamérica. Tiene el puerto del Riachuelo y el gran puerto sobre el Plata aún no concluído.

Banco Hipotecario

Sus edificios públicos son soberbios y dignos de cualquier capital europea; de ellos citaremos: los Bancos de la Provincia e Hipotecario; la Catedral, el Palacio de Gobierno y la Bolsa embellecen la gran Plaza de Mayo, donde se levanta la histórica pirámide de Mayo que simboliza las más puras y grandes glorias del pueblo argentino; el Colegio Nacional, las Facultades de Derecho y Medicina; 64 suntuosos edificios de las Escuelas Graduadas, construidos de acuerdo con los preceptos de la higiene pedagógica, la Penitenciaría, el  primer establecimiento en su género en la América Meridional, el gran Teatro Colón; la espléndida y vasta Estación del Ferrocarril del Sud  e infinidad de otros que sería prolijo enumerar.

Cementerio de la Recoleta

Entre los numerosos e importantes establecimientos de instrucción sobresalen en primera línea: la Universidad, el Colegio Nacional, o instituto de enseñanza secundaria; Escuela de Artes y Oficios, la Escuela Militar, la Escuela Normal, el Instituto de Sordomudos, la Academia de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional con 40.000 volúmenes y la Biblioteca Rivadavia.

Avenida de Mayo

Cuenta con 31 templos católicos y 6 templos de otros cultos. Buenos Aires cuenta con diez y nueve plazas, de las que citaremos únicamente: la de Mayo, donde se levanta la pirámide del 25 de Mayo; la de San Martín, en cuyo centro se levanta la estatua ecuestre del General San Martín; la del General Lavalle y la de la Libertad, donde está la estatua de Alsina.

Estación del ferrocarril 

De sus paseos públicos mencionaremos: Palermo y el Parque 3 de Febrero; la Recoleta y el Paseo de Julio, en la ribera del Plata. Entre las sociedades científicas: el Círculo Médico Argentino, el Instituto Geográfico y la Sociedad Científica.

Plaza San Martín

A pesar de que las condiciones naturales de Buenos Aires son poco ventajosas bajo del punto de vista de la higiene, podemos decir que ella está en las mejores condiciones de salubridad por las colosales obras, tales como cloacas y desagües que se han construido.

Puerto del Riachuelo

Todas las calles están adoquinadas, aún las de los alrededores de la ciudad, y provistas de aguas corrientes.

Paseo de Julio

VÍAS FÉRREAS

De la capital parten cinco vías férreas hacia distintas direcciones de la provincia de Buenos Aires.

La del Norte va al Tigre.

La de Campana va al Rosario.

La del Oeste va a San José de Flores, Morón, Villa de Luján, Mercedes, Chivilcoy y Nueve de Julio.

La del Sur llega al Azul y Bahía Blanca, y toca en Chascomús y Dolores con un ramal desde las Flores a Ayacucho.

La cuarta línea va de la capital a la Boca del Riachuelo, Quilmes y Ensenada y con ramal a La Plata.

Puente Alsina

TRANVÍAS

Todas las calles están recorridas por tranvías que hacen muy fácil la comunicación de las diversas partes de la ciudad.

TELÉFONOS

El teléfono liga todos los barrios de la ciudad y ésta con las poblaciones inmediatas.

Ciudad y Distrito Federal de Buenos Aires

La capital cuenta con numerosos e importantes establecimientos industriales, tales como fábricas de fideos, harinas, cerveza, licores, fundiciones, fábricas de papel, tejidos, etc., etc. Buenos Aires es la ciudad más comercial de la América del Sur.


De "Nociones de Geografía: América del Sur" de Luis Cincinato Bollo; A. Barreiro y Ramos editor, Montevideo, 1891.

lunes, 13 de febrero de 2012

Transferencia de poderes

Un  cuento de Theodore  L. Thomas

"Los aviones pasan", pintura de Raymond Georgein.

UNA NUEVA "GUERRA DE LOS MUNDOS"

El general Paúl T. Tredway era un hombre arrogante, dotado del defecto imperdonable de tener siempre razón. Cuando el objeto apareció en el cielo en 1979, el general Tredway adoptó todas las decisiones. Por encima del norte de Groenlandia, a la altura de la península de Yamal, el objeto suscitó la alarma de todos los puestos de vigilancia desde la DEW1 Line hasta el radar del aeropuerto nacional de Filadelfia. Al estudiar los primeros informes, el general Tredway concluyó que los movimientos del objeto eran anormales; volaba demasiado tiempo a una altura excesivamente baja. En consecuencia, y con su colosal confianza en sí mismo, prohibió el lanzamiento de cohetes de intercepción. El objeto descendió sobre los montes Pocono y se estrelló al sudeste de Pennsylvania.

Cuando llegó el general Tredway con las tropas, el objeto brillaba siempre con un tono rojo siniestro y aún ardía la casa que había aplastado al caer. El general ordenó formar un cordón de seguridad e hizo una rápida investigación. El objeto metálico, de cincuenta pies de largo y treinta de diámetro, en forma de pelota de fútbol, se hallaba demasiado caliente para ser observado de cerca. El general hizo inmediatamente lo que debía hacerse, estableció un cuartel general y solicitó el equipo necesario. Sin palabras ni ademanes inútiles, preparó el plan definitivo.

Los científicos llegaron al mismo tiempo que los trajes de amianto necesarios para aproximarse al objeto. Tanques y otros vehículos se dirigían hacia el lugar de la caída. Radios y espectrógrafos barrían todas las frecuencias, ¿pero qué buscaban? Nadie sabía lo que iba a suceder pero nadie se preocupaba por ello: el general Tredway se hallaba en el terreno y nadie tenía tiempo para pensar en otra cosa que en su trabajo. Los artilleros se hallaban sentados con los ojos pegados en el visor, abstraídos en los planes de tiro. Los ayudantes metían la nariz en las municiones. Los choferes esperaban con las manos sobre el volante y los motores en marcha. Detrás de ese círculo de acero se elevaba una fortificación aun más consistente. Después estaban las instalaciones de los técnicos en las cuales se hallaba el material científico. Más atrás aun se apiñaban los periodistas firmemente contenidos por tropas armadas. El sitio mismo era una extraña mezcla de hombres rígidos, inmóviles, y hombres en febril actividad.

Al cabo de una hora, la circunstancia que el general Tredway siempre había sospechado se confirmó: el objeto no era de origen terrestre. La aleación de que estaba hecho era muy conocida a elevada temperatura, pero no existía ninguna tecnología terrestre que pudiera moldear una sola pieza con esa forma, esa dimensión y esa estructura. Los estudios de la masa y los sondeos ultrasónicos demostraban que el objeto era hueco, pero con un material en su interior diferente del material exterior. Fue entonces cuando el general Tredway reorganizó completamente sus líneas de fuego y elaboró un plan de acción que hizo abrir desmesuradamente los ojos a sus subordinados.

Por orden del general, todo lo que se decía en el terreno se retransmitía por radio y se registraba en lugar seguro cincuenta millas más lejos. Y fue la difusión del último plan de acción del general lo que produjo las primeras protestas tímidas. Pero el general siguió adelante.

El objeto había perdido sus siniestras luces calientes cuando se percibieron las primeras manifestaciones de actividad en su interior. El general Tredway hizo retroceder inmediatamente a todo el personal más allá del cordón de acero. El circulo mismo se acorazó; cuando un círculo de hombres tira hacia un mismo objetivo, deben preverse bajas. En la parte superior del objeto apareció entonces, con ruido de metal torturado, un círculo de tres pies que comenzó a girar. A medida que giraba, se separaba del cuerpo principal del objeto y pronto pudieron verse roscas de tornillos. Una especie de torreta surgió silenciosamente, como el robinete de un barril. Luego se escuchó un débil ruido metálico y la torreta retrocedió unos centímetros: la última tuerca se había separado. Hubo una pausa. El pesado silencio fue roto por un ruido de pulsaciones provenientes del objeto, prosiguió durante cuarenta y cinco segundos y luego cesó. Entonces, sin un ruido de más, la torreta comenzó a elevarse girando sobre su borde norte.

En tono coloquial, como si hablara en un aula de clase, el general Tredway ordenó que los sectores nordeste y noroeste del circulo se pusieran completamente a cubierto. La torreta se elevó hasta que se vio al fin la parte inferior, de un color negro, triste y opaco; luego, al continuar elevándose, se observó una masa bulbosa semejante a un pimpollo semiabierto. En el centro de la masa brillaba una suave luz violeta, que el ojo podía distinguir a pesar del ardiente sol de Pennsylvania.

Las balas de las ametralladoras chocaron primeramente con la masa y luego se vio rebotar las balas luminosas. Instantes después, las cargas de cohetes hicieron blanco en la masa y la pulverizaron. Las armas de 150 y 101 y los bazookas hicieron llover granizo de acero sobre la arista de la torreta y gran parte de los proyectiles cayeron dentro del objeto: eran granadas de explosión tardía que penetraron y explotaron dentro.

Un lanzallamas blindado se apartó del círculo para avanzar, seguido de dos autoametralladoras. Cuando llegó a- unos cir-cuenta metros de distancia, una delgada lengua de fuego salió de la nariz del tanque y salpicó al objeto que desapareció en medio de un Niágara de llamas. Una ligera corrección y el Niágara se sumergió en la cavidad abierta en el suelo. El tanque se aproximó y los fusiles se interrumpieron en seguida. Un grito penetrante suspendido en el aire cesó bruscamente.

Volutas de llamas salían de la cavidad abierta en el suelo, el tanque apagó su dispositivo de encendido y se limitó a vaciar su combustible en el objeto. Hombres con trajes de amianto saltaron desde los camiones y clavaron un tubo de metal en el interior del objeto. Luego comenzaron a funcionar compresores y una bocanada de oxígeno a alta presión pasó por el tubo, asegurando la combustión completa de todo lo que había en el interior del objeto. Durante tres minutos, los hombres arrojaron combustible y oxígeno en el interior del objeto, introduciendo aun más el tubo a medida que su extremo se fundía. Las llamas mordían el cielo. El calor era muy elevado y los hombres eran protegidos por chorros de agua continuos. Luego todo terminó.

El general Tredway confió las escorias ardientes al análisis de los científicos y luego reunió a sus hombres para hacer la crítica de la operación. Pero mientras se realizaba, anuncióse la aparición de un segundo objeto. Los radares se hallaban listos. El general Tredway había previsto que si llegaba un objeto, podía venir otro. Cayó a veinticinco millas al oeste del primero, cerca de Florin. El general Tredway y sus hombres se habían puesto en camino mucho antes del impacto. Llegaron veinte minutos después del choque. Los preparativos fueron idénticos, aunque mejor preparados. Los soldados se desplazaron con mayor seguridad y menos movimientos inútiles. Pero mientras proseguía la fase de enfriamiento, llegaron olas de protestas desde "Washington. "¡Es terrible!" "El primer contacto"... "Se los ha exterminado como la peste..." "Relaciones cordiales..." "... espíritu militar." Las protestas adquirieron carácter oficial precisamente antes de que se abriese la torreta del segundo objeto. En el mismo momento en que los cohetes abrían el fuego sobre el pimpollo apenas abierto llegó una orden suspendiendo la autoridad del general Tredway. La exterminación continuó como estaba previsto. Sin esperar el final de la operación, el general Tredway saltó a un helicóptero para cubrir las 100 millas que lo separaban de Washington, donde llegó en media hora.

Una de las características de la democracia es que en caso de peligro media docena de hombres puede hablar en nombre de todo el país. El general Tredway hizo su entrada en una sala de conferencias de la Casa Blanca donde lo esperaban el presidente, el vicepresidente, los presidentes del Senado y de la Cámara de Representantes, el jefe de la oposición y un miembro del gabinete. En seguida estalló la tormenta. 

"Siéntese, general, y explíquenos el sentido de su reprobable conducta. ¿Qué se propone? ¿Transformarnos a todos en carniceros? No ha dado una oportunidad a esas criaturas. Hemos tenido la oportunidad de aprender algo, incluso de aprender mucho y usted los ha ultimado y ha destruido su equipo".

El general Tredway se mantenía sentado e inmóvil, en espera de que cesara ese tiro graneado verbal. Dijo entonces: "¿Puede alguno de ustedes presentar alguna prueba de sus intenciones pacíficas? ¿Una sola prueba?"

Reinó el silencio durante un momento. El presidente dijo: "¿Qué prueba tiene usted de su agresividad? Usted les dio muerte antes de que pudiera comprobarse nada."

El general Tredway sacudió la cabeza y pronunció las siguientes palabras con un tono de desdén familiar: "Fueron ellos los que aterrizaron en nuestro planeta. A ellos les correspondía hallar un medio para convencernos de sus sentimientos amistosos. Pero aterrizaron sin previo aviso y con un completo desprecio por la vida humana. El primero de sus cohetes destruyó una casa y dio muerte a un hombre. Esas son pruebas suficientes de su hostilidad." Y no pudo dejar de agregar: "Si ustedes se toman la molestia de verlos." El presidente se sonrojó y dijo en tono cortante: "No opino lo mismo. Podrían haberlos tenido bajo sus armas ya que contaban con suficiente artillería como para neutralizar un ejército. Ya hubieran tenido tiempo suficiente para abrir el fuego si ellos hubieran demostrado alguna hostilidad." El presidente de la Cámara se inclinó y tomó un paquete de telegramas que había en la mesa. Golpeó la pila con el índice y dijo: "Son algunos de los miles de cables que hemos recibido. Y provienen de ciudadanos eminentes —educadores, sabios, estadistas—. Todos coinciden en que usted se ha comportado muy imprudentemente. Ha destruido una importante fuente de conocimiento para la raza humana." 

"Ninguno de ellos es soldado, dijo el general. No creo que sepan algo de ataque y defensa".

El presidente de la Cámara asintió con la cabeza y sacó otro telegrama de un bolsillo. El general Tredway, que previo lo que vendría, debió admirar la táctica; ese hombre era presidente por algo. "He aquí —dijo— una respuesta a mi telegrama. Procede del estado mayor. ¿Le interesa leerlo?" Todos miraron fijamente al general, pero él movió con frialdad la cabeza. "No; estoy convencido de que ellos tampoco comprenden el problema." 

"Un mo..." Un coronel penetró en la sala y murmuró algo al oído del presidente. El presidente hizo retroceder su silla, pero no se levantó. Dijo afirmativamente: "Bueno, que Barnes se ocupe de ello. Y trate de que no tire si no se produce una amenaza visible. ¿Ha comprendido? Asegúrese de ello. No quiero más matanzas inútiles." El coronel salió. El presidente se volvió hacia los presentes y leyó la comprensión en los rostros que rodeaban la mesa. Hizo un ademán con la cabeza y dijo: "Sí, hay otro. Y esta vez actuaremos inteligentemente. Sólo espero que los otros dos no hayan transmitido al tercero que nosotros somos una banda de asesinos".

"Ninguno de los dos primeros ha podido enviar una información de esa naturaleza. Me he encargado de vigilar".

"¿Sí? Bueno, es lo único sensato que ha hecho usted. Quiero que vea como debe actuarse". En los instantes que siguieron, el general Tredway trató de convencer a los demás para que adoptaran  su punto de vista. Pero sólo consiguió enfurecerlos. Cuando llegó el momento de la apertura del tercer objeto, el grupo temblaba de furor. Se pegaron a la pantalla de la televisión para ver como actuaba el general Barnes.

El general Tredway permanecía de pie detrás de los demás, contemplando la torreta apuntada. El general Barnes empleaba la misma formación que él había dispuesto: el cordón de acero era igualmente poderoso.

Apareció el color negro ya familiar de la parte inferior de la torreta, seguido inmediatamente por el cono reluciente del pimpollo. El general Tredway hizo restallar sus dedos y el sonido rompió el silencio de la sala. Los hombres que se hallaban cerca del aparato de televisión se sobresaltaron y se volvieron hacia Tredway exasperados. Sus ojos apenas alcanzaron a posarse nuevamente sobre la pantalla cuando se produjo la cosa.

Un delgado rayo de suave luz violeta se deslizó desde el centro del pimpollo hacia el borde del círculo de acero. El rayo giraba como el fanal de un faro, pero mucho más rápidamente. Todo lo que lo rodeaba fue aniquilado. Destruyó tanques, camiones, cañones y hombres, círculo tras círculo. Las explosiones estremecían el terreno a medida que detonaban los explosivos. La misma torreta, netamente cortada, rodó pesadamente por el suelo ¿unto al objeto. El rayo mordió el suelo dejando cintas de metal retorcido. En tres segundos, el terreno sólo fue una masa de metal en fusión, de rocas fundidas y de cuerpos desgarrados, de llamas, humo y sordos estrépitos. Dos segundos después, el rayo alcanzó a las cámaras de televisión y la pantalla se apagó.

Los hombres que se hallaban próximos al televisor quedaron silenciosos y sombríos. Fue el momento que eligió el coronel para volver a anunciar con calma que había aparecido un cuarto objeto y que su probable punto de impacto se hallaba a dos millas al este de Harrisburg.

El grupo se volvió, como un solo hombre, hacia el general Tredway, pero este último no prestó mayor atención a ello. Caminaba de un lado al otro de la sala mordiéndose el labio inferior y arrugando el ceño. 

"General, dijo el presidente, yo... yo creo que usted tenía razón. Estas cosas son monstruos. ¿Quiere encargarse del próximo objeto?

El general Tredway se detuvo y dijo: "Sí, pero me parece bien explicar ahora lo que ello supone. Quiero que todo vehículo en condiciones converja hacia el cuarto objeto, pues el que ha escapado tratará de protegerlo. Quiero que todo avión y helicóptero en condiciones de volar lo persiga y ataque continuamente. Quiero que todo cohete disponible sea puesto en su plataforma y lanzado de inmediato. Quiero que todas las bombas de fusión y de fisión que tenemos sean lanzadas contra el cuarto objeto mediante la artillería, cohetes y aviones. Tal vez alguna de ellas dará en el blanco. Quiero que se haga un pedido a Canadá, Brasil, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Rusia para que lancen inmediatamente bombas H en el lugar de descenso del cuarto objeto. Así tendremos tal vez una posibilidad de detenerlos. ¡Vamos!"

El presidente lo miró fijamente: "¿Se ha vuelto usted loco? Nunca daría semejantes órdenes. ¿Quiere usted destruir toda nuestra costa?"

El general asintió. "Sí, toda, desde Richmond a Pittsburg, hasta Siracusa, creo; tal vez más. Las repercusiones se harán sentir quizás más lejos. No hay otra solución." 

"Es una locura. Yo no haré tal cosa".

El presidente de la Cámara se adelantó y dijo: "Señor presidente, creo que debe usted reconsiderar el problema. Ya ha visto lo que puede hacer un objeto; imagínese dos de ellos en acción. Temo que el general tenga razón." 

"No sea tonto".

El vicepresidente se adelantó al lado del presidente y dijo: "Estoy de acuerdo con el presidente. Nunca oí una proposición más absurda." Hubo un momento de gélido silencio. El general miró a los tres hombres. Luego, lentamente y con determinación, desprendiose el cinturón y extrajo su revólver. Empuñó la culata e hizo fuego a quemarropa, cambió en seguida la orientación del arma y volvió a disparar. Se adelantó luego hacia la mesa y dejó allí el arma. Luego se volvió hacia el presidente de la Cámara y dijo: "Señor presidente, queda poco tiempo. ¿Impartirá usted las órdenes necesarias?"


1.- Distant Early Warning: red de vigilancia del cielo, destinada a alertar a la defensa contra los cohetes antes de que se produzca el impacto de dichos proyectiles.


Este cuento fue publicado en  la revista "Planeta",  Nº 13, diciembre de 1966.

domingo, 12 de febrero de 2012

A los señores maestros


A los niños les gusta saber, y sin embargo sucede que no quieren estudiar. Ese proceder del niño nace de la dificultad que encuentra su tierna inteligencia para comprender y asimilar lo que no está escrito para él; por eso el estudio le resulta tan penoso.

Aliviar al niño en sus tareas escolares; facilitarle en lo posible, lo que debe aprender; hacerle interesante lo que debe estudiar; fue nuestra aspiración. Para conseguir nuestro objeto hemos sido concisos, porque muchas palabras alejan al niño de la idea principal, y hemos escrito con sencillez porque  eso es lo que el niño quiere y así nos seguirá con gusto. ¿Hemos conseguido tal fin?

Responderán los maestros que adopten nuestro libro y vean que él facilita su tarea y la de sus alumnos. Por nuestra parte agradeceríamos a los señores maestros se sirvan formularnos las observaciones que su experiencia les dicte a fin de que, en otras ediciones, podamos introducir en este libro, todas las innovaciones necesarias para hacerlo más interesante y más útil.


Prólogo del "Manual del Niño: nociones preliminares de Gramática, Aritmética, Geometría, Historia, Geografía y Ciencias"; Escuelas Profesionales Talleres Don Bosco, Montevideo, 1939.

sábado, 11 de febrero de 2012

Un reportaje exclusivo

por Isidro Más de Ayala

Arnold Toynbee fotografiado por Frank Scherschel para la revista Life en 1947.

Luchando contra la rivalidad de los otros cronistas que allí estaban  con análogos propósitos que nosotros, y venciendo también la barrera del sonido -esto es el ruido del poderoso cuatrimotor que acababa de llegar al aeródromo de Carrasco-, nos aproximamos al pie de la escalerilla por donde debían descender los pasajeros embarcados en Londres y, entre ellos, de paso para Buenos Aires, aquel a quien debíamos reportear: Mr. Arnold Toynbee, profesor de Investigaciones de de Historia Internacional en la Universidad de Londres, director de estudios del Real Instituto de Asuntos Internacionales, autor de la celebrada obra "Estudio de la Historia". Como es sabido, el famoso profesor realiza este viaje con el propósito de escribir sobre los diversos países de América Latina.

Los historiadores son siempre gentes que sueñan al revés; por eso no se sabe, cuando se les despierta, de que siglos desembarcarán. Justamente, desembarcaba en esos momentos míster Toynbee. Lentamente, sin precipitaciones, como corresponde a un hombre que está escribiendo la historia del género humano en veinte tomos, descendió por la pasarela. Traje gris de paño inglés, pero dibujo escocés. En el brazo derecho, un portafolio estampillado. En el izquierdo, un overcoat, una guía turística y un aparato fotográfico, importado. En los ojos, una mirada brillante, inteligente, y en la cabeza la gorra a cuadros propia de todos los investigadores, ingleses, sean policías, bacteriólogos o historiadores.

Después que hicimos las respectivas presentaciones, acompañados de vigorosos "shake hands" y dado que, como lo anunció un altoparlante, la escala sería solamente de treinta minutos, pasamos al bar del aeródromo, donde accedió a nuestra invitación y, frente a dos whiskys, iniciamos el interrogatorio:

- Usted, míster Toynbee, que acaba de ver a nuestro país desde el aire, ¿se habrá dado cuenta que es una isla? Como usted los habrá visto, está rodeada por agua en las tres cuartas partes de sus límites. Río de la Plata, río Uruguay, río Cuareim, Yaguarón, Laguna Merín y Chuy. Solo está unido al continente en dos partes: Rivera y Rocha, por donde apenas pasa una que otra lata de guayabada, una que otra botella de Marumbí. A veces, un auto nuevo. Somos, pues geográficamente una isla. Y también por nuestro carácter. Repare usted, míster Toynbee: ¿no cree que nuestro carácter regionalista, de alegrías y penas colectivas, de nacionalismo deportivo, es el resultado psicológico de nuestra condición geográfica de isleños? Nos apasionamos por todo lo que nos interesa, y ponemos en ello una pasión de provincianos que están defendiendo los prestigios de su campanario. ¿Qué le parece Mr. Toynbee?

Nuestro ilustre reporteado levantó los hombre, abrió las manos y enarcó las cejas. No necesitamos más para comprender que el talentoso autor de "La Génesis de las Civilizaciones" quería decir: -¡No hay vueltas que darle! Estimulados por su autorizada aprobación, continuamos la "interview" con una nueva pregunta:

- La obtención de un campeonato paraliza por entero las actividades nacionales. Y, a su vez, una goleada adversa provoca un colapso nacional. Este interés de todos por cada cosa, esta solidaridad colectiva, explica la vergüenza deportiva que llamamos "sangre charrúa": en cada emergencia -match, congreso, raid, concierto o recital- el uruguayo se sabe representando a todo el país que en él tiene puestos los ojos. O como aquí se dice, no sé si usted sabrá: "vistiendo la celeste". Por eso, se rompe todo. Esto es propio del carácter isleño, regionalista. Somos, Mr. Toynbee, una isla de dos millones y medio de habitantes. Como usted lo vió desde el avión, el Uruguay es una pera colgada del vientre del continente.

Mi ilustre reporteado no apartaba de mí sus ojos llenos de interés y con repetidos: -¡Yes! ¡yes! ¡All right! ¡All right! mostraba su total acuerdo con mis palabras. Hizo un silencio que yo aproveché para ubicar una breve reflexión.

- Usted sabe, sin duda que nuestros primeros pobladores fueron también isleños; familias canarias que trajeron de sus islas los hábitos y cualidades y hasta las cabras de Las Palmas y Tenerife. También tiene nuestro país, como toda isla, sus emigraciones para el continente: hasta hace unos años el 10% de los uruguayos se iba a la Argentina, pues en una isla no hay sitio para todos. Otros iban al Brasil. Ahora van a la Unesco. A propósito, ¿otro whisky, Mr. Toynbee? Un "steward" inteligente y rápido hizo reposición de whiskys. Proseguimos el interrogatorio:

- ¿Con agua o soda, Mr. Toynbee? ¿Solo? ¿Dos o tres pedacitos de hielo? ¿Puro? Otra pregunta, si me permite: usted afirma en la solapa del tomo I de su obra "Estudio de la Historia" -si he entendido bien- que el grado de cultura alcanzado por la civilización es la resultante de las cualidades anímicas de los pobladores y las condiciones telúricas de las tierras que encuentran. Ahora bien, sobre el escenario vasto, vacío de América, con sus selvas, llanuras, ríos y piedras se extendió la conquista europea con sus pobladores que traían ya hábitos y cultura constituidos. Por eso, en América, el paisaje y el habitante no se corresponden. Y ésa es la razón del desacomodo en que nos encontramos: resultó como poner paja para sombreros dentro de una horma para hacer zapatos de cuero. ¿Me comprende?

Mr. Toynbee, sorprendido y admirado ante la audacia de mi imagen, aprobaba con movimientos verticales de cabeza y repetidos -¡Yes, yes, yes! El mozo creyó que lo llamaba. Y antes de que yo pudiera intervenir, -ocupado en poner en orden los apuntes que iba tomando- el ilustre profesor pagó los seis whiskys y se levantó.

Lo acompañamos hasta el magnífico cuatrimotor, pronto para partir. Conversando animadamente, pasamos frente a mis colegas de otros diarios que no habían abordado al viajero creyendo que no comprendía el castellano. ¡Qué chasco! Por razones de compañerismo no describiré el sentimiento que se leía en sus ojos al verme en este mano a mano con el profesor inglés. Se me ocurrió, por último, una pregunta muy singular:

- ¿Qué opina sobre nuestra playas, que constituyen por la belleza de sus costas y la calidad de la arena nuestro más legítimo orgullo? Díganos algo.

Vimos que Mr. Toynbee, como hombre de ciencia, buscaba el término exacto, pero con la lentitud nórdica. Extendió ambos brazos abiertos. Con nuestra rapidez latinoamericana comprendimos:

- ¿Qué son muy extensas? ¿No?

- ¡Oh, yes, yes! ¡All right!

Antes de ascender, Mr. Toynbee, muy sencillamente, quiso, sin duda, como recuerdo de Montevideo, sacarme una foto. Me hizo posar al efecto tomando notas al pie de la pasarela. Me agradeció con un último "shake hands" y su más brillante sonrisa, y se perdió dentro del cuatrimotor.

Con las notas de sus declaraciones exclusivas corrí a escribir este reportaje, que no sé todavía a que periódico de Nueva York venderé.


De "Montevideo y su cerro" de Isidro Más de Ayala; Editorial Galería Libertad, Montevideo, 1960.

viernes, 10 de febrero de 2012

De la Marina


P. ¿Qué es la Marina?

R. La Marina es la ciencia de la navegación, y por consiguiente es un objeto muy importante para un Estado, porque contribuye a su grandeza y a su gloria, proporcionándole la abundancia y la riqueza. Por el medio de la navegación es como una nación reúne todas las producciones de las cuatro partes del mundo, y en cambio ella lleva los frutos de su trabajo y de su industria; por ella es por quien todas las artes útiles florecen, y también para la defensa del Estado sabe un gobierno sabio procurarse con el auxilio de los buques de guerra.

P. ¿Cómo se divide la Marina?

R. Se divide ordinariamente en marina mercantil y marina militar; pero en general la marina se divide en tres partes a saber: 1º - La arquitectura naval, que enseña a construir toda suerte de buques de mar. 2º - La navegación, que es el arte de viajar por mar. 3º - El arte de las evoluciones, que enseña a conducir muchos buques juntos, como son las armadas de bajeles de guerra, y convoyes de barcos mercantes. Las dos primeras han sido explicadas y por lo tanto hablaremos solamente de la tercera parte.

P. ¿Por qué medios se hacen las evoluciones?

R. Se usan diferentes señales, por las que se expresan los movimientos que se quieren hacer, sea con un navío solamente, sea con la armada toda, o sea con parte de ella, y del navío Almirante es de donde salen todas las señales por las se dirige la armada.

P. ¿El arte de las evoluciones navales está limitado a la conducción de las armadas?

R. No; esta ciencia es también a de un gran recurso al arte militar: por ella hemos llegado a dirigir y gobernar una armada naval, compuesta de navíos de guerra de diferentes tamaños, a hacerlos obrar y combatir juntos o separados, y a disponerlos de manera que en caso de necesidad pueden socorrerse los unos a los otros.

P. ¿Qué es un combate naval?

R. Es una acción entre dos escuadras. Se llama escuadra la tercera parte de una armada y también es un combate naval cuando se baten dos navíos uno contra otro.

P. ¿Quiénes son los principales oficiales de una armada?

R. El comandante o general se llama Almirante; el jefe de una escuadra Vicealmirante; el comandante de una división inferior, Contralmirante; el que manda un navío de línea tiene el título de Capitán y después hay un Teniente, dos Sub-tenientes y otros oficiales subalternos,  todos los que van a bordo de un navío, sea para su defensa, sea para las maniobras, componen lo que se llama tripulación. También se llaman Capitanes los comandantes de las fragatas, corbetas y otros buques de guerra.

P. ¿Cuáles son las cualidades que debe tener un buen marino?

R. Es preciso que tenga un conocimiento perfecto de su embarcación; que sepa la geometría, la astronomía y la geografía; que se halle dotado de un discernimiento y una penetración extraordinaria, de un valor firme e inalterable para para decidirse oportunamente, y hacer frente a los multiplicados peligros de la navegación. Es de necesidad que haga también muchos viajes largos, y a diferentes climas, pues con esta práctica se perfecciona más el arte difícil de la navegación. 

A más de esto, para ser un buen oficial de marina, es necesario saber a fondo las matemáticas, haber hecho un estudio profundo de evoluciones, de maniobras, de la artillería, de la arboladura, del velamen, de la construcción, y generalmente de todo lo que forma la composición y el cargamento de un navío de guerra.

Tantas cualidades, y conocimientos tan variados, hacen infinitamente recomendables a los que se distinguen en la marina; y como es preciso ser verdaderamente hombre de mérito para seguir esta carrera, es la razón porque con justo título gozan los marinos de tan alta consideración, de mucha estimación y de la gloria que le es particular.


De la "Enciclopedia de la Juventud"; de D.A. Zaragoza Godinez; Imprenta de E. Aguado, Buenos Aires, 1825

miércoles, 8 de febrero de 2012

El ajedrez según Ricardo Réti

Ricardo Réti (1889-1929) visto por David Friedmann

El juego de ajedrez es tan difícil, que para llegar a ser un fuerte jugador no basta, como en el juego de naipes, tener buena memoria, sentido común y poseer algunas de sus sutilezas o trucos. Aún para el jugador de talento, no bastan esas condiciones, que se adquieren con experiencia, sino que es necesario estudiar el juego de una manera científica. 

¿Qué se entiende por manera científica? ¿Cómo se llega a una ciencia?

Para ello es necesario pasar por tres etapas: la primera sería la empírica, donde se recogen los hechos de la materia a tratar, adquiridos por vía exclusivamente experimental.

A la segunda etapa le está destinada la tarea de ordenara y clasificar los hechos recogidos. Por supuesto que éste es un trabajo que presenta serias dificultades, pues ahora no se trata solamente de los resultados más o menos claros y concretos de la etapa empírica, sino que el camino se divide, y el rumbo a tomar con respecto a la clasificación dependerá del criterio del explorador.

La clasificación para ser buena debe ser una agrupación de dos hechos de un parecido esencial. Toda clasificación hecha por una semejanza superficial y aparente, forzosamente es mala. Un ejemplo conocido de mala clasificación tenemos en la botánica, en el sistema de nomenclatura de Linneo, quien dividió las plantas según la cantidad de pétalos y estambres, es decir, por su apariencia externa, reuniendo, de esta manera, plantas que era nítidamente desiguales de un mismo grupo, y separando plantas que, científicamente, debían clasificarse en la misma familia.

La tercera etapa de la ciencia es a base de clasificación; inducir y estudiar las leyes que deben regir los hechos encontrados.

Para el juego de ajedrez hay una gran cantidad de tratados con el título "Teoría de Aperturas". Pero cabe preguntar: ¿Será esa la verdadera teoría en el sentido científico? De ninguna manera. Corresponde solamente a la primera etapa, la empírica, pues son únicamente los comienzos de las partidas de maestros y de los análisis a que han dado origen, es decir, son los resultados de los experimentos sobre el tablero para encontrar las mejores jugadas.

En cuanto a la segunda etapa se refiere, al abrir dichos tratados de las denominadas "Teorías de Aperturas",  uno pudiera creer que la clasificación ya se hubiera realizado, pues se ve toda una fila de aperturas con nombres de cierta sonoridad, como ser la apertura Ruy-López, Gambito de Dama, etc. En realidad, esa clasificación no es de carácter científico, sino más bien una agrupación semejante al sistema de Linneo, ya mencionado, basado en el parecido exterior y no en el espíritu de los comienzos. Aquí es el parecido exterior de las dos o tres primeras jugadas que dan nombre a las aperturas, lo que, en realidad, es meramente superficial, como se ve claramente, por el hecho que de distintas aperturas, se puede llegar a la misma posición, como también de una misma apertura se puede llegar a vías distintas.

Por ejemplo: se puede llegar al Ataque Max Lange, por cuatro aperturas diferentes: la Esocesa, el Giuoco Piano, la Defensa de los caballos y el Gambito de centro. Por otro lado, partidas de un espíritu opuesto, como el Ataque Moller y la variante pianísima del Giuoco Piano, nacen de la misma apertura.

La tercera etapa, de una verdadera teoría científica, que traza reglas generales, no se encuentra en ningún tratado de ajedrez, salvo muy raras excepciones, como los libros del Dr. Tarrasch y aún en éstos los conocimientos se hallan dispersos en los comentarios de sus partidas, sin constituir un conjunto de reglas o principios enlazados entre sí, que forman una doctrina metódica y razonada. De todo esto se deduce que falta un libro que constituya la verdadera teoría del ajedrez.

Los maestros que han llegado a ser fuertes jugadores y han adquirido amplios conocimientos del juego, no han escrito el libro necesario, porque es muy difícil encontrar la forma de un libro modelo, y luego, porque muchos de ellos temen conocer las armas con que más tarde han de combatir.

Se podría dudar de la posibilidad de establecer leyes generales para el juego de ajedrez, puesto que a la inversa de las matemáticas, cuyas leyes son precisas y aplicables en todo momento, en ajedrez puede observarse que, a veces, se llega a la victoria contrariando los más elementales principios, por ejemplo: la dama vale más que el caballo (regla general); sin embargo, hay posiciones donde el caballo vale más que la dama.

Se ve, por ejemplo, que las leyes generales no son absolutas en ajedrez. Sin embargo, se apreciará fácilmente la utilidad de estas reglas generales, pues si un jugador teniendo duda dichas reglas se pusiera a reflexionar en cada posición dada, si la dama es más fuerte que el caballo, no podría jamás jugar bien al ajedrez. Así como en este ejemplo trivial, ocurre de una manera más sutil con todas las reglas en general.

A pesar de que estas reglas no son aplicables absolutamente en todos los casos, es necesario el conocimiento de ellas para llegar a ser un jugador ponderado, y las excepciones de las aplicación de dichas reglas, lejos de hacérnoslas menospreciar, deberían inducirnos a revisar y perfeccionar la teoría.

Ricardo Réti

Del "Curso Superior de Ajedrez" por Ricardo Réti; Librería de  A. García Santos, Buenos Aires, 1930.