lunes, 17 de agosto de 2015

El Salto Grande

 
De regreso de un viaje aún permanece en mi mente el sello de mil perspectivas que representan otros tantos paisajes de la naturaleza, otros tantos cuadros pintorescos con todas sus gradaciones y contrastes de luz con el matiz sombrío. Veo aún el río majestuoso; el manso arroyo; las aguas encrespadas del Plata; las colinas verdes y caprichosas; los accidentes y quebradas del terreno; las grandes hondonadas de los campos; montes inmensos con sus follajes de colores múltiples; caseríos elevados sobre una cuchilla, envueltos poéticamente por  árboles de gigantescas formas; extensiones vastas de tierras verdes pobladas por rebaños numerosos; grandes y pequeñas villas, colocadas en la márgen de los ríos; horizontes abiertos, abiertos por todos lados que hacen expandir el espíritu con la libertad del ave en el espacio, arrullando por las armonías ignotas que se sienten en los bosques; más allá oigo el estruendo del batallar continuo de los hombres producido por la gestación trabajosa de los elementos de la vida; el rumor de la actividad gigante de las grandes ciudades; los ruidos múltiples de establecimientos que con la industria y faena de los que aparecen a la vista como personajes siniestros, envueltos de continuo en un lago de sangre, transforman la vida de millares de organismos en grandes masas de materia inerte; el fragor de mil vehículos que cruzan rápidamente vastos campos llevando nuevas vidas a lejanas poblaciones y por último oigo aún el jadeante respiro del coloso de los mares que majestuoso se desliza por la superficie de las aguas.

Entre esa multitud de imágenes que reflejan la informe vida del planeta, guardo en mi imaginación el recuerdo de un cuadro soberbio, expléndidamente agreste, salvaje, en el que la naturaleza sola, única, reina, desplegando sus galas, sin indicio alguno de la obra humana. Es un hermoso panorama que se presenta al viajero allá lejos donde la tierra oriental termina poéticamente por una de sus partes, acariciada por las aguas del Uruguay. Es un punto al que se llega después de un pequeño descanso sobre un arenal cubierto de un espeso follaje, desde donde ya se adivinan o se presienten las impresiones que la vista del paisaje proporcionará al curioso touriste. Un claro del monte, presenta de pronto en toda su belleza aquel montón informe de peñascos y agua que se llama el Salto Grande.Grandiosa, palpitante, la obra de la naturaleza hace enmudecer al hombre, que subyugado contempla el panorama sin entender aquel lenguaje extraño, aquellos infinitos rumores producidos por los mil choques de las corrientes que se bifurcan continuamente por las grandes rocas y los gigantes de granito que eternamente se oponen allí al curso de las aguas. Hay toda una variedad de piedras, de moles inmensas que producen una multitud de pequeñas y grandes cascadas que a su vez se rompen en mil pequeñas corrientes deslizándose ya con suavidad ya con estrépito, según los accidentes de la senda que las leyes físicas le hayan proporcionado para llegar al cauce común. 

Saltando de roca en roca y fabricando pequeños puentes aéreos, ayudándose con una u otra rama del escabroso y desigual terreno, balanceándose sobre el abismo, se recorre un espacio de aquella singular extensión que ya presenta el aspecto de un trozo de continente, como un tranquilo río o de una multitud de pequeñas islas. Hay cerca de lo que llamaríamos el punto céntrico, una elevación de no fácil acceso, de la que se dominan los alrededores de cuadro tan imponente como agreste. De un lado se ve a una inmensa isla, perennemente verde y las barrancas de la costa argentina, del otro una vegetación exhuberante, lujuriosa, rodeada por un sin número de toscas que brillas al ser rozadas por corrientes de aguas cristalinas que creciendo en un curso caen más tarde con toda la explosión de fuerzas gigantescas. La impetuosidad de las aguas que se desploman perennemente en millares de pequeños y grandes saltos sobre el irregular conjunto de enormes piedras, dan al panorama un aspecto extraño, que subyuga el espíritu, presentándole como una región salvaje, donde la planta humana trepida antes de atreverse a dominar en medio de tanta soledad y tantos abismos. Pensaba yo con mis amigos acompañantes que aquel era un cuadro digno de contemplarse por un pintor, un músico y un poeta.

Hallaría el primero una gradación verdosa de infinita variedad producida por una vegetación lujuriosa, entrelazada caprichosamente sobre los vacíos dejados por la separación de las rocas y una multitud de destellos producidos por cantidad de pequeñas cascadas que sugieren al espíritu, espléndidas combinaciones pictóricas; el segundo oiria todos esos misteriosos rumores que allí, en medio de una soledad solemne forman una música natural encontrando la escala entera en los movimientos del aire combinada con los millares de notras que se desprenden de todos aquellos instrumentos pulsado solo por los elementos naturales, y el último advinaría en esos sonidos, en esas vibraciones de las innumerables gotas de agua que semejan a un palacio de cristal, en esos rumores misteriosos y enigmáticos, el poema de la naturaleza en todo su esplendor. Después de una observación atenta y habernos proporcionado el placer de dejarnos acariciar por una de aquellas límpidas cacadas en baño espléndido e improvisado, nos retiramos de aquel bellísimo espectáculo recordando a uno de mis amigos que si Mendelssohn hubiera contemplado la obra que formas los peñascos del Uruguay habríamos dado otra página de música descriptiva como la célebre ouverture de La gruta de Fingal.

El cuadro que ligeramente he bosquejado es el que por lo agreste y por la ausencia de la obra del hombre, más profundamente me ha impresionado y que permanecerá indeleble en mi memoria envuelto en el recuerdo que conservaré del Salto con sus accidentes y quebradas del terreno: de los montes inmensos del Arapey; de Concordia con su monotonía espantosa y los reflejos caniculares de su superficie; de Paysandú con sus pintorescas llanuras; de Fray Bentos con su actividad saladeril; de Mercedes envuelta eternamente por las ondas del Río Negro y colocada poéticamente sobre su suave colina; de la siempre ruidosa Buenos Aires y de la tranquila Plata con sus palacios encantados. Pero lo que más guardaré en mi corazón es el recuerdo de aquellos días felices, que lejos del mundo donde se revuelven todas las aspiraciones, las esperanzas, los sueños ambiciosos, la vasta complejidad de sntimientos e ideas, dejé deslizar tranquilamente al lado de unos amigos que me proporcionaron con sus amabilidades exquisitas la expansión de que se goza en el seno de la propia familia.

Mayo, 1887.

De los "Recuerdos" de Luis Garabelli; Imprenta Montevideo Musical, Montevideo, 1887.

sábado, 8 de agosto de 2015

El maravilloso tren del porvenir

 
Este grabado da una idea apropiada de lo que será el ferrocarril del porvenir. De la invención del tren giroscópico se seguirán sorprendentes adelantos. Se han hecho experimentos en gran escala, y el "vagón giróscopo", que corre sobre un solo raíl, ha dado resultado de todo punto satisfactorio. No sólo se alcanzarán con esta clase de trenes velocidades enormes, sino que los giróscopos mantendrán al tren en un equilibrio tan estable que se podrá escribir cómodamente dentro de los vagones, y hasta será posible jugar al billar, como en una sala.

De "El Tesoro de la Juventud, o Enciclopedia de Conocimientos", W. M. Jackson, Inc., Editores, Londres, Madrid, Nueva York, etc., s/f., t. I, pág. 170.

domingo, 2 de agosto de 2015

Un sorprendente sarcófago etrusco


En 1871 el Museo Británico compró un buen número de antigüedades a un italiano llamado Alessandro Castellani. El mejor objeto de aquella colección era un sarcófago de terracota de tamaño considerable, cuyo origen era situado en el siglo VI a.C. Castellani declaró que un tal Pietro Pennelli lo había encontrado en una excavación en Cervetri (Etruria).

El museo tardó dos años en acabar de montar el sarcófago, ya que este había sido comprado desmontado y hecho piezas. Algunas cuestiones del objeto lo hacían peculiar. Por ejemplo, había una figura desnuda masculina, cuestión muy extraña para un objeto de esa época y tipo. Otras figuras, en cambio, mostraban detalles en sus ropas que parecían sacadas del siglo XIX. Sorprendente.

En 1875, cuatro años después de la adquisición por parte del Museo Británico, un hermano de Pietro Pennelli comentó que él había hecho aquel objeto, y que por lo tanto era falso. Aquello no dejaba en muy buen lugar a los expertos del museo. Se demostró que la inscripción de la parte inferior de la tapa había sido copiada de un objeto del Louvre. En resumen, que aquel objeto era absolutamente falso. A pesar de ello, el museo se negó durante sesenta años a admitir su error y no lo hizo hasta 1935. El problema real es que por entonces el objeto ya había sido fotografiado, copiado, usado como ejemplo y tratado en multitud de libros sobre arte etrusco. 

Vía: Curistoria

domingo, 19 de julio de 2015

La ciudad extensa


Buenos Aires sólo encuentra límite a su extensión física por el este, aunque ya muchas veces el Río de la Plata hubo de retraerse y ceder centenares de hectáreas ante su empuje. Pero la urbe, opulenta y señorial, traza paseos y jardines en las tierras así habidas y de tan enorme extensión, que bien pudieran contener otra ciudad.La metrópoli, realmente crece desde el río hacia su periferia y los límites municipales son rebasados formando un solo cuerpo con sus aledaños. Como otrora los primitivos vecinos, hoy se unen a la Capital, de hecho, muchísimas poblaciones limítrofes. Avanza así el enorme conglomerado urbano, cuya densidad edilicia y de población, tienen su base en el Centro, junto al río y se expande hacia el dilatado perímetro.

A partir de Plaza de Mayo, Constitución, Retiro y Miserere, los medios de comunicación rapidísimos debieran tener sendos recorridos mínimos, en líneas electrificadas, con gran abundancia de trenes y estaciones, creándose nuevas secciones y ramales intermedios. Toda esa red ferroviaria moderna deberá empalmar con una bien organizada combinación de subterráneos, de tal manera que los ferrocarriles a nivel no crucen la ciudad como lo hacen actualmente, evitando impedimentos y facilitando la libre circulación de los vehículos en las calles, obstaculizadas actualmente por las barreras.

Como medida complementaria se desongestionará el Centro suprimiendo la circulación de tranvías  y sustituyéndolos por otros vehículos de más fácil maniobra. Conviene allí eliminar el estacionamiento de rodados, de forma total y definitiva, arbitrando espacios y medios para la construcción de grandes playas para automóviles, bien sean subterráneas o a nivel. Interesa encarar la posibilidad de cambios de ubicación de ciertas oficinas públicas, claro está, en forma metódica y de acuerdo a un plan. La fácil y simplificada traslación y circulación de los habitantes, es un problema importantísimo, cuya feliz solución tiene enorme trascendencia para el presente y futuro de la Ciudad.

De "Buenos Aires, ciudad, patria, mundo" de Luciano Rottin; Artes Gráficas Miguel Briuolo, Buenos Aires, 1949.                                                         

jueves, 16 de julio de 2015

El descubrimiento de Plutón


Fotografía del planeta Plutón, el 20 de marzo de 1930, obtenida por el Profesor Munch en el Observatorio de Potsdam. La estrella clara y radiante a la izquierda es Delta, de la constelación de los Gemelos.

De "Los mundos lejanos" de Bruno Burgel; Editorial Labor, Barcelona, 1950.

jueves, 25 de junio de 2015

Hablo a quien lee...


Si buscas la verdad, yo te convido á que leas, sino mas del deleyte y policía, cierra el libro, satisfecho de que tan á tiempo te desengañe.

Ni el arte, ni la lisonja han sido parciales á mi escritura: aquí no hallarás citadas sentencias ó aforismos de filósofos políticos, todo es del que lo escribe. Muchos casos sí se refieren de que las puedes formar, si con juicio discurres por la naturaleza de estos sucesos: entónces será tuyo el útil, como el trabajo mio, sacando de mis letras doctrina por tí mismo; y ambos así nos llamarémos autores, yo con lo que te refiero, tú con lo que te persuades.

Ofrezco á los venideros un exemplo, a los presentes un desengaño, un consuelo á los pasados. Cuento los accidentes de un siglo que les puede servir á estos, aquellos y esotros con lecciones tan diferentes.

Algunos condenarán mi Historia de triste. No hay modo de referir tragedias sino con términos graves. Las sales de Marcial, las fábulas de Plauto jamas se sirviéron ó representáron en la mesa de Livio.

Si alguna vez la pluma corriere tras la armonia de las razones, certifícote que en nada entró el artificio, sino que la materia entónces mas deleytable la lleva apaciblemente.

Hablo de las acciones de grandes príncipes y otros hombres de superior estado: lo primero se excusa siempre que se pue de, y quando se llega á hablar de los reyes, es con suma reverencia á la púrpura; pero esa es condicion de las llagas, no dexarse manejar sin dolor y sangre.

Muchos te parecerán secretos, no lo han sido á mi inteligencia, ninguno juzga temerariamente, sino aquel que afirma lo que no sabe. No es secreto lo que está entre pocos, de estos escribo.

Llamo á los soldados del exército del rey D. Fe1ipe algunas veces Católicos como á su rey: no se quejan los mas de esta separacion, sigo la voz de historiadores. Otras, veces los nombro Españoles, Castellanos ó Reales; siempre entiendo la misma gente. Para todos quisiera el mejor nombre.

Procuro no faltar á la imitacion de los sugetos quando hablo por ellos, ni á la semejanza quando hablo de ellos. En inquirir y retratar afectos pocos han sido mas cuidadosos, si lo he conseguido,. dicha ha sido de la experiencia que tuve de casi todos los hombres de que trato. He deseado mostrar sus ánimos, no los vestidos de seda, lana, ó pieles, sobre que tanto se desveló un historiador grande de estos años, estimado en el mundo.

Si en algo te he servido, pídote que no te entrometas á saber de mí mas de lo que quiero decirte. Yo te inculco mi juicio, como le he recibido en suerte: no te ofrezco mi, persona, que no es del caso para que perdones ó condenes mis escritos. Sino te agrado, no vuelvas á leerme, y si te obligo, perdónote el agradecimiento: no es temor, como no es vanidad. Largo es el teatro, dilatada la tragedia, otra vez nos toparémos, ya me conocerás por la voz, yo á tí por la censura.

De la "Historia de los movimientos, separación y guerra de Cataluña, en tiempo de Felipe IV" por Francisco Manuel de Melo (1609-1666)                        

domingo, 31 de mayo de 2015

El deterioro de la mente a través de la materia, de Otto Rapp


Otto Rapp es un artista austríaco contemporáneo, nacido en 1944. De su obra he seleccionado el cuadro intitulado El deterioro de la mente a través de la materia, sumamente pertubador, con fuerte influencia surrealista. Les invito a conocer la obra de Otto Rapp, en su sitio web.