miércoles, 8 de febrero de 2012

El ajedrez según Ricardo Réti

Ricardo Réti (1889-1929) visto por David Friedmann

El juego de ajedrez es tan difícil, que para llegar a ser un fuerte jugador no basta, como en el juego de naipes, tener buena memoria, sentido común y poseer algunas de sus sutilezas o trucos. Aún para el jugador de talento, no bastan esas condiciones, que se adquieren con experiencia, sino que es necesario estudiar el juego de una manera científica. 

¿Qué se entiende por manera científica? ¿Cómo se llega a una ciencia?

Para ello es necesario pasar por tres etapas: la primera sería la empírica, donde se recogen los hechos de la materia a tratar, adquiridos por vía exclusivamente experimental.

A la segunda etapa le está destinada la tarea de ordenara y clasificar los hechos recogidos. Por supuesto que éste es un trabajo que presenta serias dificultades, pues ahora no se trata solamente de los resultados más o menos claros y concretos de la etapa empírica, sino que el camino se divide, y el rumbo a tomar con respecto a la clasificación dependerá del criterio del explorador.

La clasificación para ser buena debe ser una agrupación de dos hechos de un parecido esencial. Toda clasificación hecha por una semejanza superficial y aparente, forzosamente es mala. Un ejemplo conocido de mala clasificación tenemos en la botánica, en el sistema de nomenclatura de Linneo, quien dividió las plantas según la cantidad de pétalos y estambres, es decir, por su apariencia externa, reuniendo, de esta manera, plantas que era nítidamente desiguales de un mismo grupo, y separando plantas que, científicamente, debían clasificarse en la misma familia.

La tercera etapa de la ciencia es a base de clasificación; inducir y estudiar las leyes que deben regir los hechos encontrados.

Para el juego de ajedrez hay una gran cantidad de tratados con el título "Teoría de Aperturas". Pero cabe preguntar: ¿Será esa la verdadera teoría en el sentido científico? De ninguna manera. Corresponde solamente a la primera etapa, la empírica, pues son únicamente los comienzos de las partidas de maestros y de los análisis a que han dado origen, es decir, son los resultados de los experimentos sobre el tablero para encontrar las mejores jugadas.

En cuanto a la segunda etapa se refiere, al abrir dichos tratados de las denominadas "Teorías de Aperturas",  uno pudiera creer que la clasificación ya se hubiera realizado, pues se ve toda una fila de aperturas con nombres de cierta sonoridad, como ser la apertura Ruy-López, Gambito de Dama, etc. En realidad, esa clasificación no es de carácter científico, sino más bien una agrupación semejante al sistema de Linneo, ya mencionado, basado en el parecido exterior y no en el espíritu de los comienzos. Aquí es el parecido exterior de las dos o tres primeras jugadas que dan nombre a las aperturas, lo que, en realidad, es meramente superficial, como se ve claramente, por el hecho que de distintas aperturas, se puede llegar a la misma posición, como también de una misma apertura se puede llegar a vías distintas.

Por ejemplo: se puede llegar al Ataque Max Lange, por cuatro aperturas diferentes: la Esocesa, el Giuoco Piano, la Defensa de los caballos y el Gambito de centro. Por otro lado, partidas de un espíritu opuesto, como el Ataque Moller y la variante pianísima del Giuoco Piano, nacen de la misma apertura.

La tercera etapa, de una verdadera teoría científica, que traza reglas generales, no se encuentra en ningún tratado de ajedrez, salvo muy raras excepciones, como los libros del Dr. Tarrasch y aún en éstos los conocimientos se hallan dispersos en los comentarios de sus partidas, sin constituir un conjunto de reglas o principios enlazados entre sí, que forman una doctrina metódica y razonada. De todo esto se deduce que falta un libro que constituya la verdadera teoría del ajedrez.

Los maestros que han llegado a ser fuertes jugadores y han adquirido amplios conocimientos del juego, no han escrito el libro necesario, porque es muy difícil encontrar la forma de un libro modelo, y luego, porque muchos de ellos temen conocer las armas con que más tarde han de combatir.

Se podría dudar de la posibilidad de establecer leyes generales para el juego de ajedrez, puesto que a la inversa de las matemáticas, cuyas leyes son precisas y aplicables en todo momento, en ajedrez puede observarse que, a veces, se llega a la victoria contrariando los más elementales principios, por ejemplo: la dama vale más que el caballo (regla general); sin embargo, hay posiciones donde el caballo vale más que la dama.

Se ve, por ejemplo, que las leyes generales no son absolutas en ajedrez. Sin embargo, se apreciará fácilmente la utilidad de estas reglas generales, pues si un jugador teniendo duda dichas reglas se pusiera a reflexionar en cada posición dada, si la dama es más fuerte que el caballo, no podría jamás jugar bien al ajedrez. Así como en este ejemplo trivial, ocurre de una manera más sutil con todas las reglas en general.

A pesar de que estas reglas no son aplicables absolutamente en todos los casos, es necesario el conocimiento de ellas para llegar a ser un jugador ponderado, y las excepciones de las aplicación de dichas reglas, lejos de hacérnoslas menospreciar, deberían inducirnos a revisar y perfeccionar la teoría.

Ricardo Réti

Del "Curso Superior de Ajedrez" por Ricardo Réti; Librería de  A. García Santos, Buenos Aires, 1930.

1 comentario:

Parlanchín dijo...

RICARDO RÉTI (Pezzinot, 1889 - Praga, 1929) Ajedrecista de origen húngaro. Reti ha sido de los más importantes innovadores que ha tenido el ajedrez. Fue uno de los creadores, con Breyer y Nimzowisch, de la escuela “hipermoderna”, que revolucionó las teorías ajedrecistas durante los años veinte del pasado siglo. Propugnaba, entre otras cosas, que para controlar el centro del tablero no era necesario que éste fuese ocupado por los peones y las piezas (teoría de Steinitz y de Tarrasch) sino que era suficiente controlarlo a distancia, mediante los peones de los flancos y el desarrollo de los alfiles en fiancheto.

En estas ideas se basa la apertura que lleva su nombre, la Apertura Reti, así como otras que surgieron en aquella época, como la Grünfeld, la India de Rey, India de Dama, Nimzo- India, etc. Reti expuso sus ideas en dos libros: Nuevas ideas en ajedrez y Los grandes maestros del tablero. Estas ideas fueron fundamentales en la evolución del ajedrez, pero es indudable que no eran la única “verdad”, como demostraron en aquella época, ante el tablero, Lasker y Alekhine.

Como jugador de torneo, consiguió importantes éxitos durante la década de los veinte, pero no alcanzó el altísimo lugar que ocupa en la evolución y progreso de las ideas ajedrecistas, como pedagogo, y también como compositor de finales artísticos, faceta en la que ha sido uno de los mejores de todos los tiempos. Sus mayores éxitos en torneos fueron el primer puesto en Kaschau (1918), Gotemburgo (1920), Teplitz- Schönau (1922), Giessen (1928), y también, el segundo puesto en Mährisch- Ostrau (1923), tras Lasker, que fue primero.