sábado, 31 de diciembre de 2011

Retratos de niños



Si se trata de pequeñuelos inteligentes y algo reposados, se puede intentar fotografiarlos a la luz artificial en las condiciones anteriormente expuestas. Pero, si son muy pequeños y no se dan cuenta ni pueden comprender la necesidad y la conveniencia de estarse quietos, no hay más remedio que sentarlos en un lugar muy bien iluminado, en donde sea posible sorprenderlos en un momento dado, cuando menos lo esperen y operando a velocidades no inferiores a 1/120 de segundo y, corrientemente, a 1/30 ó 1/60 de segundo. Aún así, quedan a veces movidos, pero, por regla general, se pueden obtener algunas fotografías aceptables. Hay que tener alguna paciencia y se ha de procurar que el niño no se dé cuenta  de que lo van a retratar ni de que allí va a suceder algo extraordinario. Se puede hablar y bromear con él, contarle cuentos, excitar su alegría o mantener su buen humor y aprovechar el momento favorable para disparar.


Salvo en los casos en que existe alguna razón para ello, convendrá limitarse a obtener fotografías de busto y,  aún  mejor, de la cabeza y de los hombros. Si luego se amplían hasta un tamaño sensiblemente parecido al natural, los padres que, en estos casos, son los verdaderos interesados, reciben una impresión agradabilísima, aunque la fotografía no haya sido un éxito absoluto. Pero, en el caso de que el retrato esté realmente bien, tales ampliaciones aumentan su valor de un modo considerable y es seguro que el amor propio del fotógrafo aficionado quedará muy halagado al observar la satisfacción de los padres del niño.


Ya hemos dicho que resulta difícil fotografiar a los niños con luz artificial y que es más aconsejable emplear la natural, simplemente por el hecho de que es más intensa y permite exposiciones más rápidas. Pero debemos señalar un inconveniente bastante grave. Si el niño recibe en pleno rostro toda la luz que permita hacer una exposición muy rápida (es decir, que reciba directamente los rayos del sol) empezará a hacer guiños y muecas, deslumbrado y entonces, es imposible sorprenderlo en un momento favorable. Si nos situamos a la sombra, ya no hay bastante luz para hacer una fotografía rápida. Como se ve, el dilema parece insoluble. Por esta razón, no cabe más que un recurso y es situarlos en una sombra muy luminosa, si es posible, recibiendo directamente la luz del sol, reflejada por una pared de color claro. Por eso, a su vez, tiene el inconveniente de disipar todas las sombras de las facciones y quitarles el relieve. Entonces, hemos de apelar otra vez al espejo o a la hoja de papel que alumbre el lado del rostro situado en la sombra y, de esta manera, volveremos a tener aquel semblante en las debidas condiciones para fotografiarlo.


Aún cuando lo que vamos a decir ahora no sea, en realidad, un consejo "fotográfico" diremos que cuando un niño empieza a asustarse al ver un aparato y se echa a llorar, vale más dejarlo. Es casi imposible devolverle la tranquilidad. Si se puede, tal vez valga la pena intentar retratarlos cuando está distraído jugando él solo o con otra persona. Pero, de lo contrario, es preferible abandonar momentáneamente el propósito, ocultar el aparato y empezar a jugar con él para conquistar su confianza. Es posible que más tarde se deje retratar sin la menor protesta. Y también podemos añadir que si el niño, por pequeño que sea, se ha dejado retratar una vez, se ha dejado retratar una vez, permitirá que lo hagan más tarde con toda frecuencia que se quiera y aún parecerá sentir complacencia en que se le retrate y hará obre así por un impulso que él mismo no conoce, pero no sería extraño que, de un modo subconsciente se diese cuenta, de un modo vago, de lo que se quere hacer y, obedeciendo a instinto humano, que siempre tiende a perdurar, ya sea corporalmente o por medio de su imagen o por el recuerdo que pueda dejar de su paso en el mundo, se prestará de buena gana a la reproducción gráfica de su diminuta personalidad.

Del libro "Exposición fotográfica", de Manuel Vallve, Manuales Prácticos Molino, Buenos Aires, 1946.


2 comentarios:

Martín dijo...

A pesar de tratarse de un libro técnico de 1946 varios de los consejos que aparecen allí siguen teniendo vigencia. Sin embargo hoy en día los chicos ya no le tienen miedo a las cámaras. Gracias por este aporte tan interesante.

Parlanchín dijo...

Tenés toda la razón Martín, las cámaras de digitales de hoy ya no son un "cuco" como las de antes. Hoy en día tomarse fotos es algo habitual a diferencia de lo que ocurría hace unos años donde tomarse fotos era cosa de profesionales.