lunes, 28 de mayo de 2012

La moderna navegación aérea


Desde hace mucho tiempo, se pensaba dirigir en la atmósfera aparatos más densos que el aire, imitando a los insectos y aves que vuelan todos por el aire cumpliendo dicha condición. Los aparatos imaginados son de tres tipos: alas batidoras, helicópteros y aeroplanos. Las alas batidoras imitan el movimiento de las alas de las aves, pero no han dado resultado.

Las tentativas para conquistar el dominio de los aires debe haberlas hecho el hombre desde muy antiguo, por tener siempre a la vista el ejemplo de las aves, cuyo fácil vuelo le invitaba a imitarlas. Esto lo confirman las mitologías de todos los pueblos civilizados de la antigüedad; así, en los sepulcros egipcios se han encontrado pinturas murales que representan seres de tipo humano dotados de alas, lo mismo que en los monumentos asirios y persas. Ovidio nos cuenta las aventuras de Dédalo, que, huyendo de la cólera de Minos, construyó unas alas que le permitieron escaparse con su hijo Ícaro de la isla en que estaban prisioneros, lo solo logró él, pues Ícaro voló a mucha altura, derritiendo el Sol la cera con que tenía pegada las alas, y cayó al mar.

Débense al genio de Leonardo de Vinci, cuyo mérito como hombre científico corría parejo con su mérito de artistas, los primeros estudios serios sobre el vuelo de las aves; es lástima que una gran parte de sus escritos y dibujos se haya perdido, pero por los trabajos que nos quedan, puede verse que la teoría científica del vuelo había sido expuesta por Leonardo al establecer que el pájaro, que es más denso que el aire, se sostiene y avanza haciendo que el aire sea más pesado bajo las alas por donde pasa el pájaro, que por donde no ha pasado. Afirmación admirable en aquella época y que encierra la teoría del aeroplano moderno.

En los helicópteros se ha tratado de sostener el aparato por una o más hélices de eje vertical, asegurando la propulsión por medio de hélices de eje horizontal. Esta idea, que se ha realizado en juguetes para niños, no ha dado resultado, en grande.

Únicamente con los aeroplanos se ha conseguido efectuar los notables vuelos de la época actual. Son, como se sabe, combinaciones de superficies de tela, planas y ligeramente inclinadas hacia el horizonte. Cuando estos planos se mueven horizontalmente, la resistencia del aire crea una fuerza vertical dirigida de abajo arriba y capaz de sostener el aparato por encima del suelo. Como se ve, un aeroplano solo puede elevarse si se lanza horizontalmente con suficiente velocidad. Una o varias hélices, movidas por un motor, pueden asegura este movimiento.

El aeroplano en el seno del aire se halla en análogas condiciones que el submarino en el seno del agua, y por guardar un equilibrio perfecto, que cualquier causa externa o interna puede alterar, sus condiciones de marcha son mucho más difíciles y delicadas que las de un barco que navega apoyado sobre el agua.

El aviador y los tripulantes que vayan en aeroplano no pueden moverse del sitio, pues alterarían la posición del centro de gravedad, lo que haría perder su estabilidad al aeroplano, pudiendo ocasionar una catástrofe, en la que, ya sea por esa u otra causa, perecen ilustres e intrépidos aviadores, aunque continuando otros sin desmayar la conquista definitiva del reino de los aires.

Santos Dumont, Voisin, Delagrange, los hermanos Wright, Farman, Bleriot, Chávez, Newbery, Todoro Fels, que hizo la travesía del Río de la Plata por primera vez. El capitán inglés Alock, que cruzó el Atlántico en un solo vuelo de 2.500 kilómetros. El aviador francés Lecointe, que realizó el récord de altura, 11.125 metros, y últimamente los intrépidos aviadores Franco y de Pinedo, el primero de los cuales parte en el hidroavión "Plus Ultra" desde Palos de Moguer, llegando en pocas etapas a Montevideo y Buenos Aires, repitiendo en los aires la hazaña de Colón, y muchos otros constructores o aviadores ilustres, son nombres que están escritos con caracteres de oro en la historia de la navegación aérea.


Del libro escolar "Lecturas Suplementarias" de Joaquín Mestre; Imprenta de Dornaleche Hermanos, Montevideo, 1927.

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