jueves, 24 de mayo de 2007

El Palacio Encantado


En el mas verde de nuestros valles,
Donde habitan ángeles buenos,
Ha muchos años, su frente augusta
Levantaba un palacio espléndido.
Radiante alzábase, de aquel dominio
Era monarca el Pensamiento.
Jamás un ángel tendió sus alas
Sobre edificio mas soberbio.
***
Claros pendones, gloriosos, áureos,
En sus torres dábanse al viento.
(Toda esta magia, toda, ocurría
Hace ya mucho, mucho tiempo.)
Y cada brisa que se allegaba,
Bajo aquellos días serenos,
A los baluartes empavesados,
Era, al huir, fragancia en vuelo.
***
Y los viajeros, en aquel valle,
Por dos claras ventanas, vieron
Siempre una ronda feliz de espíritus,
Al ritmo acorde de un salterio,
Rodear un trono donde brillaba
(Porfirogénito!)
En pompa dogna de su grandeza,
El Rey ilustre de aquel reino.
***
Y relucía con perlas y ónices
La puerta del Palacio excelso,
Por la cual siempre, siempre fluía,
Resplandeciendo,
Un tropel de Ecos que por muy dulce
Deber tuvieron
El de honrar, límpidos, con voces de oro,
Al Monarca, por sabio y bueno.
***
Mas, torvos Seres, en vestes lúgubres,
Asaltaron el claro Reino.
(Ah, desolémonos- que ya un Mañana
No se alzará sobre su duelo!)
Y en los dominios del Rey, la gloria
Que floreció, purpúrea, al cielo,
Es hoy apenas recuerdo pálido
Que en su corriente anega el Tiempo.
***
Y hoy los viajeros, en aquel valle,
Por ventanas color de fuego,
Ven grandes formas bullir fantásticas,
Discordes músicas siguiendo;
Mientras cual turbio, rápido río,
Por el lívido portal abierto,
Riendo, se lanza la hórrida turba -
Riendo, ya nunca más sonriendo.
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