sábado, 10 de agosto de 2013

Frenología, la mano del diablo


El diablo examina la cabeza de un niño mientras otros tres chicos se esconden bajos sus alas: Frontispicio que figura en la portada de un tratado francés de Frenología, titulado La Frenología, los gestos y la fisonomía de Hyppolyte Bruyères, publicado en París en 1847. El libro contiene 120 litografías explicativas realizadas por el grabador Jean Denis Nargeot.

ACERCA DE LA FRENOLOGÍA

La Frenología era una antigua creencia que sostenía que el carácter y los rasgos de la personalidad de los seres humanos estaban determinados por el tamaño y la forma del cráneo. Esta pseudociencia fue desarrollada a principios del siglo XIX por el anatomista alemán Franz Joseph Gall y logró fama por la precisión de sus postulados. Al parecer, cada zona del cráneo respondía a un estímulo o a una actividad social. Estaba todo tan perfectamente sectorizado que llamaba la atención.

Gall aseguraba que el cerebro es el órgano de la mente. En consecuencia, el dominio y el conocimiento profundo de la actividad cerebral permitiría pronosticar comportamientos con rigor matemático. Cada área expresaba propensiones individuales de la persona y de sus facultades mentales. Las diferencias se reflejaban en la forma del hueso mismo. Entre sus principios se destacaba que las características morales e intelectuales del hombre son innatas, que el cerebro está compuesto de tantos órganos como tantos pensamientos, sentimientos y facultades existen y que cerebro repite la forma del cerebelo, el cual es el medio para descubrir las cualidades vitales e incluso económicas y culturales.

La frenología fue practicada en la antropología y en la etnografía, por ejemplo para justificar científicamente el racismo. A esta altura ya está completamente desechada, pero en su origen se la ubicó como un compendio de saberes necesarios para el desarrollo de la humanidad. Muchos artistas contemporáneos a esta alocada escuela siguieron de cerca su desarrollo. Uno de ellos fue el célebre pintor español Francisco de Goya, quien -se dice- donó su cráneo en vida para que le realicen estudios exhaustivos. El mito de la donación resultó ser cierto. Cuando inhumaron sus restos, estaban todos los huesos menos el cráneo. Nunca nadie supo quien se lo quedó. Todavía es un misterio que ocupa largas páginas en su textos biográficos.

De "Las curiosidades del siglo XIX" de H. Codino; Ediciones Universal, Madrid, 1967.     

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