lunes, 30 de abril de 2012

Acerca de la probidad intelectual




LA PROBIDAD INTELECTUAL

El Instituto de Profesores “Artigas” es un centro de formación de docentes. Como ámbito académico está implicado en los códigos de la ética intelectual, además de estar sometido a las disposiciones legales vigentes de nuestra nación.

Una institución educativa terciaria constituye un ámbito de enseñanza, de aprendizaje, de investigación y se instituye como paradigma de integridad. Por tales motivos, la asunción y promoción de la honestidad intelectual opera como principio de identidad que valora el trabajo, la generación de ideas y la libertad de expresión como manifestaciones de una comunidad académica.

La probidad intelectual ha de concebirse como el conjunto de principios y valores que promueven la integridad de la persona y las prácticas honestas en la enseñanza, en el aprendizaje y en la evaluación. Factores diversos afectan la probidad académica que comprenden desde la presión de grupos en torno a intereses particulares, la copia en los exámenes hasta la apropiación no reconocida e indebida de producciones ajenas. El uso directo o indirecto de la obra o fragmentos de la obra de otra persona debe acreditarse debidamente de un modo apropiado. Si no se cumple con este requisito se da lugar al plagio, es decir, la copia ilegítima.

Debe entenderse que el plagio constituye una falta grave. En la Normativa correspondiente al Sistema Único Integrado de Formación Docente de la Dirección de Formación y Perfeccionamiento Docente, en el Capítulo I, Artículo 2, literal g, relativo a los deberes de los estudiantes se señala: “Respetar lo establecido por las Leyes 9739 y 17.616 en cuanto a los derechos de autor.”

LA PREVENCIÓN DEL PLAGIO

Diversos recursos posibilitan detectar el plagio. Para contribuir a evitarlo, el docente ha de brindar oportunas y adecuadas orientaciones entre las cuales figuran las que se enumeran a continuación.

Brindar una bibliografía apropiada y con la debida identificación (autor, título, editorial, año de edición; páginas web).

Ofrecer orientación a los estudiantes sobre la búsqueda de información en fuentes confiables. En el caso de acceso a Internet es imprescindible asegurar el acceso a sitios de reconocida calidad.

Entregar a los estudiantes pautas para la elaboración de un trabajo indicando los modos de registrar citas, hacer notas al pie y presentación de la bibliografía.

Estipular que las paráfrasis también deben referir el autor original que se ha tomado como fuente.

Identificar el texto transcripto como una cita utilizando comillas u otro formato o tamaño de letra y explicitar el autor, el documento, revista o libro o dirección electrónica de origen.


De un folletín del Instituto de Profesores Artigas de Montevideo, 2010.

sábado, 28 de abril de 2012

Las nuevas ciencias sociales



Los años comprendidos entre 1830 y 1814 se caracterizaron por el extensivo desarrollo de las ciencias sociales. Muchos de sus tópicos son relativamente nuevos. Con anterioridad al siglo XIX casi todas las tentativas del hombre encaminadas a analizar su medio social formaban parte, bien de la historia, bien de la economía o la filosofía. La primera de las ciencias sociales que se desarrollaron fue la sociología, fundada por Auguste Comte (1798-1857) y elaborada por Herbert Spencer (1820-1903). Luego vino la antropología, cimentada por James Prichard (1786-1848) y Sir Edward Burnett Taylor (1832-1917). Aunque suele definírsela sucintamente como "la ciencia del hombre", la antropología se limita al análisis de cuestiones como la evolución física del ser humano, los tipos humanos existentes, las culturas prehistóricas y las instituciones y costumbres primitivas. Hacia 1870 la psicología se separó de la filosofía, estudiándosela como ciencia aparte. Iniciada en Alemania por Wilhelm Wundt (1832-1920), fue desarrollada por los norteamericanos William James (1842-1910) y G. Stanley Hall (1846-1924). La obra del ruso Iván Pavlov (1849-1936) le imprimió una nueva orientación. Valiéndose de experimentos con animales, éste descubrió lo que se denomina "reflejos condicionados", esto es, una forma de comportamiento en la que  las reacciones naturales son producto de estimulantes artificiales. Demostró que si se alimenta a unos perros inmediatamente después de un toque de campana, con el correr del tiempo segregarán saliva al oir su tañido como si en realidad se hallaran con vista y olfato frente a su comida. Este descubrimiento sugirió que los reflejos condicionados son importantes elementos de la conducta humana. Los psicólogos centraron su atención alrededor de los experimentos fisiológicos, considerándolos como clave del conocimiento de la mente.


De "Civilizaciones de Occidente: su historia y su cultura" (IV edición) por Edward McNall Burns; Ediciones Peuser, Buenos Aires, 1953.  

jueves, 26 de abril de 2012

El fin de un milenio


Estamos en el principio de una nueva era, que se caracteriza por una gran inseguridad, por una crisis permanente y por la ausencia de cualquier tipo de status quo... Hemos de ser conscientes de que nos encontramos en una de aquellas crisis de la historia mundial que describió Jakob Burckhardt. Ésta no es menos importante que la que se produjo después de 1945, aún cuando ahora las condiciones para remontarla parecen mejores, porque no hay potencias vencedoras ni vencidas, ni siquiera en la Europa oriental.

M. STURMER en Bergedorf (1959, p.59)


Aunque el ideal terrenal del socialismo y el comunismo se halla derrumbado, los problemas que este ideal intentaba resolver permanecen: se trata de la descarada utilización social del desmesurado poder del dinero, que muchas veces dirige el curso de los acontecimientos. Y si la elección global del siglo XX no produce una seria reflexión, el inmenso torbellino rojo puede repetirse de principio a fin.

ALEXANDER SOLZHENITSYN, en New York Times, 28 de noviembre de 1993.


Para un escritor es un privilegio haber presenciado el final de tres Estados: la República de Weimar, el Estado fascista y la República Democrática Alemana. Creo que no viviré lo suficiente como para presenciar el final de la República Federal.

HEINER MÜLLER (1992, p.361)


De la "Historia del siglo XX" de Eric Hobsbawn; Editorial Crítica, VI edición, Buenos Aires, 2011.

lunes, 23 de abril de 2012

Uso y abuso de las bibliotecas públicas


La sociedad moderna ha inventado la biblioteca popular, y desde entonces estamos todos llamados a participar en el apostolado sublime. El que da un libro para el uso del pueblo, hace el pequeño don de su valor pecuniario, enciende una antorcha perenne y abre una fuente de elevados sentimientos, para ilustrar y regenerar la existencia moral e intelectual de centenares de hombres.

El objeto principal de estos organismos es, pues, hacer asequibles para las clases modestas, y aún para las indigentes, toda la inmensa obra escrita de la humanidad. Gracias a las bibliotecas, los más raros y costosos libros, a la vez que los más valiosos, pueden ser leídos por quienes no podrían nunca comprarlos. Difunden el saber entre todos los miembros de la sociedad y brindan a los estudiosos las más selectas y variadas obras de consulta y erudición.

Pero existe también el abuso de las bibliotecas, y él consiste en que gran número de personas que pueden comprar libros, no lo hacen, prefiriendo, por mezquinas razones de economía, utilizar los ejemplares que pueden leer, a su gusto y sin erogaciones, en las bibliotecas populares. Estas van, pues, indirectamente minando el amor que inspira el libro como posesión privada, que el verdadero bibliófilo gusta conservar en su propia colección, allí, a mano, para hojearlo en cualquier momento, releyendo los pasajes que más le agradaron y marcó con un trazo de su lápiz, o bien para buscar el dato, la consulta que necesita en un momento dado.

No se puede comprender bien, no puede gustar, no se puede amar íntegra, cabalmente, un libro si no lo lee dos, tres y hasta cuatro veces, y en el estado de ánimo que requiere su tema y género. ¿No os ha ocurrido que sentís como un especie de pena al tener de devolver un libro a la biblioteca popular? Hay algo en vuestro interior que clama por la conservación de ese libro. Es que, íntimamente, presentís que lo perdéis al devolverlo. Y es como si os privaran de un buen amigo, pues los buenos libros son como los buenos amigos: quisiéramos tenerlos siempre con nosotros.

Ese noble egoísmo es el que nos llena de pesar cada vez que recordamos, al levantar la vista del volumen que estamos leyendo, que estamos constreñidos a devolverlo esa misma semana, o tal vez esa misma tarde, a su anaquel en la biblioteca pública.

Por eso os aconsejo que no abuséis de la biblioteca pública. Siempre que podáis comprar un libro, adquiridlo. ¡Ojalá llegue el día en que el grado de cultura de nuestro pueblo sea tal, que la juventud gaste más dinero en libros que en los cines o en las canchas de fútbol!

Este abuso de las bibliotecas públicas, en desmedro de las privadas, aflige también a pueblos de antigua cultura. Dice un escritor inglés: "El pan de harina es bueno; pero hay otro pan, dulce como la miel, si tan solo deseas gustarlo: es un buen libro; y debe ser muy pobre la familia que ni siquiera una vez en la vida pueda pagar la cuenta de su panadero. ¡Nos consideramos una nación rica y somos tan mezquinos y torpes que nos conformamos con manosear libros en las bibliotecas populares!"

El único mal de la biblioteca pública tiene raíces en nosotros mismos, y desaparecerá cuando seamos lo suficientemente sagaces para comprender que si podemos gastar dinero en un libro, y no lo hacemos, nos perjudicamos y perjudicamos a los demás al preferir tomarlo prestado en la biblioteca pública. Y digo que  perjudicamos a los demás, porque es muy probable que haya otro lector que, no disponiendo de recursos para comprarlo, reclame con legítimo derecho ese ejemplar que nosotros, digámoslo claro, le hemos usurpado, olvidando que las bibliotecas públicas se han creado para quienes no tienen la dicha de poseerlas privadas.


De "Abriendo Horizontes" (libro de lectura para cuarto año) por H.M.E.; Editorial H.M.E., Montevideo, 1943. 

sábado, 21 de abril de 2012

La pléyade del Ateneo

Ateneo de Montevideo

Toda la actividad intlectual de aquella pléyade -antes de que la actividad política la embargara por entero- consta en los "Anales del Ateneo", publicados mensualmente desde 1881 hasta el 86, durante el lustro más brillante de su existencia. Ligada su suerte a la de los acontecimientos cívicos de la época, los Anales cesaron de aparecer al producirse la breve guerra del Quebracho, contra el gobierno militarista y despótico del general Santos, en el cual formaron, como oficiales, casi todos aquellos jóvenes intelectuales del Ateneo.

Después de aquella campaña breve y desgraciada en la que el elemento civilista fue rápidamente vencido por la superioridad militar del gobierno, la situación política se transformó, no obstante, pues el general Santos enfermó, tuvo que abandonar el poder, dando lugar a un cambio de régimen. El gobierno de cuartel había concluido, y en adelante, el elemento civil tomó las riendas del Estado. Muchos de los jóvenes ateneístas, hasta entonces alejados del gobierno, entraron a formar parte de las Cámaras y de los Ministerios. Su actividad propiamente intelectual había concluido también, salvo excepciones; no tuvieron ya tiempo ni gusto para dedicarse al reposado cultivo de las humanidades y las letras; los artículos de polémica, los debates parlamentarios, las tareas ministeriales, absorbiéndolos casi por entero; la cátedra universitaria y el bufete de abogado completaban el empleo de sus energías mentales.

Acaso no eran las letras o las humanidades su vocación imperiosa; al que tiene el verdadero temperamento de filósofo o de escritor muy difícilmente se le aparta, si no es ocasionalmente, de su destino. Pero la intelectualidad y la política han andado siempre muy ligadas y aún confundidas en nuestro país. El intelectual tomó siempre parte activa y constante en las luchas y en los negocios públicos, fue periodista, polemista, guerrillero, asambleísta, ministro; solo dedicó al cultivo de las ciencias o de las letras el tiempo y el ánimo que le restaban, al margen de la actividad política.

El tipo de "hombre de letras" -a la europea- ha sido el más raro de nuestra historia durante el siglo XIX; Acuña de Figueroa antes del 50; Magariños Cervantes y Zorrilla de San Martín hasta el 900. En el siglo actual, aumentó su número: Rodó, Vaz Ferreira, Herrera y Reissig, Sánchez, Reyles, Viana, han sido puramente o ante todo hombres de letras. Algunos, que han producido obras valiosas, en el siglo pasado, como Acevedo Díaz, las realizaron en un largo retiro de la vida política o antes de entrar en ella. En general puede decirse que en la intelectualidad uruguaya,  -y en toda época- predomina el tipo cívico.

Hombres cívicos, fueron pues, ante todo, los hombres del Ateneo, un poco por propio temperamento, un mucho por el imperio de las condiciones sociales. La carrera política era la única positiva para el intelectual uruguayo en aquellos días. Sigue siendo aún, en gran parte. Y no solo en el sentido económico, sino intelectual del mismo. Dedicarse a la filosofía, o a la ciencia pura, o a las letras, era condenarse a un estoico sacrificio de la oscuridad, resignarse a ocupar un lugar secundario en la vida del país, y en la consideración pública; la atención y la admiración de todo el país estaban puestas solo en los debates del Parlamento, en los editoriales de prensa, en la arenga del club o de la plaza, en la gestión oficial del gabinete. Solo se empezaba a ser persona importante cuando se ocupaba una banca parlamentaria o un sillón ministerial; lo demás era estar al margen de la vida.

País eminentemente político, en el Uruguay la literatura y la filosofía han tenido solo categoría de ornatos intelectuales; podían completar y abrillantar una personalidad, pero no constituirla. Compréndese pues, que no siendo imperiosa ni heroica su vocación intelectual, la pléyade del Ateneo derivase fatalmente hacia el campo político. Pero como, -y según lo hemos anotado-, la mayoría de ellos no eran precisamente políticos, en el riguroso sentido positivo del término sino solo brillantes polemistas y tribunos, lo que ellos hicieron, en mayoría, fue literatura política. Figuras tales como Carlos María Ramírez, Melián Lafinur, Sienra Carranza, Juan Carlos Blanco, Domingo Aramburú, fluctuaron siempre, en verdad, entre lo literario, lo jurídico y lo político, pudiéndose decir, también, que fueron, como su antecesor, Juan Carlos Gómez, no solo los románticos, sino también los literatos de nuestra política.

Coleccionando y seleccionando artículos y discurso podría formarse, de los mejor dotados de entre ellos, un apreciable volumen de literatura jurídica y política, parlamentaria y polémica. Notables articulistas, panfletistas y tribunos, han dejado las páginas más vigorosas y brillantes que, en tales materias, posee nuestra literatura.

En verdad, no podría decirse que han sido originales, ni en los conceptos ni en la materia; eran discípulos de los grandes oradores y polemistas franceses -e ingleses alguna vez- que se sucedieron, de fines del siglo XVIII en adelante: los Mirabeau, los Dantón, los Pittt, los Carrel, los Charles Blanc, los Girardin; y casi todas sus páginas patentizan -entre innegables rasgos de ingenio propio- la influencia normativa de estos modelos.

En general, y además de sus escritos y discursos, mantuvieron siempre estos hombres un estrecho contacto con las letras, aún cuando no las cultivaron directamente. Aplicaron su cultura y su gusto literario, no solo en la elegancia de su estilo de polemistas, sino en el aticismo de su conversación, y en la noble línea académica de todas sus actitudes. Tenía, la mayoría de aquellos hombres, el tipo esbelto y el aire solemne que muchos han conservado hasta la senectud; vestían con elegancia personal de dandys dentro de las modas de la época; sus gestos y sus frases eran siempre señoriales y tribunicias; sentados a la mesa familiar o en la tertulia íntima del club, su apostura era tan pulcra y espectable como en los escaños del Parlamento.

Aquel dandysmo doctoral de levita gris y guante lila, culminó su empaque algo pomposo hacia el 90, en la presidencia civilista de Herrera y Obes. A la mesa munificente del mandatario sentábanse en ático banquete, políticos y escritores conspicuos, mezclando el epicúreo gustar de los vinos y manjares -que disponía el experto maitre d´hotel traído de Francia- la conversación de temas filosóficos y literarios. Ciertamente que no todos eran diálogos platónicos en los salones presidenciales; también se ajetreaban allí ásperas realidades de la política criolla, se urdían intrigas palaciegas y desfilaban los compadrones del electoralismo. Mas con su aguda mirada, su porte señorial y su gran jopo al tope, Herrera dominaba a éstos como a aquellos; y probaba ser tan hábil jugador en la estrategia política, -el único político verdadero, quizás, entre todos sus colegas- como mostrábase galano y erudito en la conversación académica. 

Alberto Zum Felde


De "Proceso Intelectual del Uruguay" de Alberto Zum Felde (Tomo I: del Coloniaje al Americanismo); Ediciones del Nuevo Mundo, Montevideo, 1967.

miércoles, 18 de abril de 2012

¿Qué es un agnóstico?




por Bertrand Russell


Un agnóstico considera imposible saber la verdad en cuestiones tales como las de Dios y la vida futura, de que se ocupan el cristianismo y otras religiones. O, si no es imposible, al menos imposible en el momento presente.

¿SON AGNÓSTICOS LOS ATEOS?

No. El ateo, como el cristiano, sostiene que podemos saber si hay o no hay Dios. El cristianismo sostiene que podemos saber que existe; el ateo, que podemos saber que no existe. El agnóstico suspende todo juicio, diciendo que no hay suficientes razones ni para la afirmación ni para la negación. Al mismo tiempo, el agnóstico puede sostener que la existencia de Dios, aunque no imposible, es muy improbable; puede incluso considerarla tan improbable que no valga la pena considerarla en la práctica. En tal caso, no está muy lejos del ateísmo. Su actitud puede ser la que mantendría un filósofo cauteloso con respecto a los dioses de la Grecia antigua. Si se me pidiera que demostrase que Zeus y Poseidón y Hera y el resto de los Olímpicos no existen, me vería desamparado para encontrar argumentos concluyentes. El agnóstico puede considerar al Dios cristiano tan improbable como los olímpicos; en tal caso, y para todo propósito práctico, está en el mismo terreno que los ateos.

PUESTO QUE NIEGA USTED LA "LEY DIVINA", ¿QUÉ AUTORIDAD ACEPTA COMO NORMA DE CONDUCTA?

El agnóstico no acepta ninguna "autoridad" en el sentido en que la aceptan las personas religiosas. Estima que el hombre debe fijarse normas de conducta por sí mismo. Desde luego, procurará beneficiarse de la sabiduría de otros, pero tendrá que elegir por sí mismo las personas que considere sabias, y no tendrá por incuestionable ni siquiera lo éstas digan. Observará que lo que pasa por "ley divina" varía de vez en cuando. La Biblia dice que una mujer no debe casarse con el hermano de su esposo muerto, pero también dice que, en determinadas circunstancias, sí debe hacerlo. Si usted tiene la desgracia de ser una viuda sin hijos, con un cuñado soltero, le es a usted lógicamente imposible eludir la desobediencia a la "ley divina".

¿CÓMO SE SABE LO QUE ES BUENO Y LO QUE ES MALO? ¿QUÉ CONSIDERA PECADO EL AGNÓSTICO?

El agnóstico no está tan seguro como algunos cristianos respecto a lo que es bueno y lo que es malo. No sostiene, como sostuvieron en el pasado la mayoría de los cristianos, que las personas disconformes con el gobierno sobre abstrusos puntos de teología deban sufrir una muerte dolorosa. Está contra toda persecución  y es más bien parco en lo tocante a la condena moral.

En cuanto al "pecado", no lo juzga una noción útil. Admite, naturalmente, que una clase de conducta sea deseable u otra indeseable, pero sostiene que el castigo de la clase indeseable sólo ha de recomendarse cuando es disuasivo o reformador, no cuando se inflige por considerar que es bueno en sí mismo que lo sufran los perversos. Fue esta creencia en el castigo vengativo la que impulsó a los hombres a aceptar el infierno. Y ello es parte del daño causado por la noción del "pecado".

¿HA DE HACER EL AGNÓSTICO CUANTO LE PLACE?

En un sentido, no; en otro sentido, cada cual hace lo que le place. Supongamos, por ejemplo, que usted odia a alguien tanto, que le gustaría asesinarle. ¿Por qué no lo hace? Usted puede replicar: "Porque la religión me dice que el asesinato es pecado". Pero, como un hecho estadístico, los agnósticos no se muestran más inclinados al asesinato que otras personas; en realidad, más bien lo están menos. Tienen los mismos motivos que otras personas para abstenerse del asesinato. Con mucho, el más poderoso de esos motivos es el temor al castigo. En situaciones donde no existe la ley, tales como en una estampida causada por la fiebre del oro, toda suerte de gentes cometerán crímenes, aunque en circunstancias normales habrían respetado la ley. No se trata sólo del castigo legal efectivo; sino también del desasosiego que produce el temor de ser descubierto, y la soledad al saber que, para evitar el odio, será preciso llevar una máscara incluso ante las personas más íntimas. Y también está lo que cabe llamar "conciencia". Si alguna vez pensase usted cometer un crimen, temería el espantoso recuerdo de los últimos momentos de su víctima o del cuerpo sin vida. Todo ello, ciertamente, depende de que usted viva en el seno de una comunidad respetuosa con la ley, pero hay abundantes y seculares razones para crear y conservar una comunidad así.

He dicho que hay otro sentido en que todo hombre hace lo que le place. Nadie que no sea un necio sigue todos sus impulsos, pero lo que reprime un deseo es siempre otro deseo. Los deseos antisociales de un hombre pueden reprimirse por el deseo de agradar a Dios, pero también pueden reprimirse por el deseo de agradar a los amigos, o de merecer el respeto de su comunidad, o de poder contemplarse a sí mismo sin disgusto. Pero, si no experimenta tales deseos, los meros y abstractos preceptos de la moralidad no le mantendrán en el buen camino.

¿QUÉ OPINA EL AGNÓSTICO ACERCA DE LA BIBLIA?

Un agnóstico opina de la Biblia exactamente lo mismo que los clérigos ilustrados. No cree que sea de inspiración divina; la considera historia primitiva legendaria, y no más exactamente cierta que la relatada por Homero; opina que sus enseñanzas morales son buenas a veces, pero muy malas en ocasiones. Por ejemplo, Samuel ordenó a Saúl, en el curso de una guerra, que matase no sólo a todo hombre, mujer y niño del enemigo, sino también a todo su ganado ovino y bovino. Saúl, sin embargo, dejó con vida al ganado, y por este hecho se nos dice que le condenemos. Nunca he podido admirar a Elías por maldecir a los niños que se burlaban de él, ni creer (como afirma la Biblia) que una Deidad benevolente enviara dos osas para que matasen a los niños.

¿QUÉ OPINA UN AGNÓSTICO DE JESÚS, DEL NACIMIENTO VIRGINAL Y DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD?

Puesto que el agnóstico no cree en Dios, no puede creer que Jesús sea Dios. La mayoría de los agnósticos admiran la vida y las enseñanzas morales de Jesús según se relatan en los Evangelios, pero no necesariamente más que las de otros hombres determinados. Unos le sitúan al mismo nivel de Buda, otros le comparan con Sócrates y otros con Abraham Lincoln. Ni tampoco piensan que lo que Él dijo sea algo incuestionable, puesto que no admiten ninguna autoridad como absoluta.

Considera el parto virginal de María como una doctrina tomada de la mitología pagana, donde tales partos no eran desusados. (Se dijo que Zoroastro había nacido de una virgen; Ishtar, la diosa babilónica, es llamada la Santa Virgen). No puede dar crédito a esto, ni a la doctrina de la Santísima Trinidad, puesto que ninguna de ambas cosas es posible sin la creencia en Dios.

¿PUEDE SER CRISTIANO UN AGNÓSTICO?

La palabra "cristiano" ha tenido varios significados diferentes en épocas diferentes. Durante la mayoría de los siglos desde los tiempos de Jesucristo, ha significado una persona que creía en Dios y en la inmortalidad y sostenía que Cristo era Dios. Pero los unitarios se llaman cristianos, aunque no creen en la divinidad de Cristo, y muchas personas utilizan hoy la palabra Dios en un sentido mucho menos preciso que el que solía encerrar. Muchas gentes que dicen creer en Dios ya no se refieren a una persona, o una trinidad de personas, sino sólo a una vaga tendencia o poder o propósito inmanente en la evolución. Otros, yendo aún más lejos, entienden por "cristianismo" meramente un sistema de ética que, siendo ignorantes de la historia, se imaginan es característico de los cristianos.

Cuando, en un libro reciente, dije que lo que el mundo necesita es "amor, amor cristiano, o compasión", mucha gente pensó que eso demostraba cierto cambio en mis puntos de vista, aunque, de hecho, podría haber dicho lo mismo en cualquier momento. Si por "cristiano" se entiende un hombre que ame a su prójimo, que sienta simpatía por los que sufren y que desee ardientemente un mundo libre de las crueldades y abominaciones que lo desfiguran en el presente, entonces, ciertamente, estará justificado que se llame cristiano.Y, en este sentido, creo que se encontrarán más "cristianos" entre los agnósticos que entre los ortodoxos. Pero, por mi parte, no puedo aceptar tal definición. Al margen de otras objeciones, parece tosca a judíos, budistas, mahometanos y otros no-cristianos, quienes por lo que demuestra la historia, han sido tan capaces como los cristianos, por lo menos, de practicar las virtudes que algunos cristianos modernos reivindican arrogantemente como distintitivas de su propia religión.

También pienso que todos los que se llamaban cristianos en tiempos pasados, y una gran mayoría de quienes lo hacen así en la actualidad, consideran que la creencia en Dios y en la inmortalidad es esencial para un cristiano. En este aspecto, yo no me llamaría cristiano, y debo añadir que una agnóstico no puede ser cristiano. Pero, si la palabra "cristianismo" viene a ser generalmente utilizada para significar meramente una clase de moralidad, entonces será posible, sin duda, que un agnóstico sea cristiano.

¿NIEGA EL AGNÓSTICO QUE EL HOMBRE POSE ALMA?

Esta interrogante carece de significado preciso, a menos que demos una definición de la palabra "alma". Supongo que lo que se quiere significar con ello, aproximadamente, es algo no material, que persiste a lo largo de la vida de un persona, e incluso, para aquellos que creen en la inmortalidad, durante todo el tiempo futuro. Si esto es lo que se quiere significar, no es probable que el agnóstico crea que el hombre tiene alma. Pero debo apresurarme a añadir que esto no significa que el agnóstico deba ser materialista. Muchos agnósticos (incluyéndome yo) abrigan tantas dudas respecto a cuerpo como respecta al alma, pero ésta es una larga historia que le lleva a uno a una metafísica erizada de dificultades. Yo diría que la mente y la materia, por igual, no son más que símbolos convenientes para el discurso, pero no cosas realmente existentes.

¿CREE EL AGNÓSTICO EN EL MÁS ALLÁ, EN EL CIELO O EL INFIERNO?

La cuestión de si la gente sobrevive a la muerte es una cuestión con respecto a la cual es posible la demostración. Muchos piensan que la investigación psíquica y el espiritismo proporcionan esa demostración. El agnóstico, como tal, no adopta un criterio respecto a  la supervivencia, a menos que piense que hay pruebas en un sentido u otro. Por mi parte, no pienso que haya ninguna razón sólida para creer que sobrevivimos a la muerte, pero estoy abierto a la convicción si aparecen pruebas adecuadas.

El cielo y el infierno son cuestiones diferentes.  La creencia en el infierno está ligada a la creencia de que el castigo vengativo del pecado es cosa buena, independiente por completo de todo efecto reformador o disuasivo que pueda encerrar. Difícilmente creerá ésto ningún agnóstico. En cuanto al cielo, cabría concebir que algún día hubiese pruebas de su existencia a través del espiritismo, pero la mayoría de los agnósticos no creen que existan tales pruebas, y, por lo tanto, no creen en el cielo.

¿NO TEME NUNCA AL JUICIO DE DIOS POR NEGARLE?

De ninguna manera. También niego a Zeus y Júpiter y Odín y Brahma, pero ello no me ocasiona ningún escrúpulo de conciencia. Observo que una porción muy amplia de la especie humana no cree en Dios, y no sufre por ello un castigo visible. Y, si hubiera Dios, considero muy improbable que tuviera una vanidad tal, que le ofendiesen aquellos que dudan de su existencia.

¿CÓMO EXPLICAN LOS AGNÓSTICOS LA BELLEZA Y ARMONÍA DE LA NATURALEZA?

No sé donde se supone que se encuentra esa "belleza" y esa "armonía". En todo el reino animal, las bestias se destruyen implacablemente. La mayoría de ellas o son cruelmente muertas por otras bestias, o mueren lentamente de hambre. Por mi parte, soy incapaz de ver una gran belleza o armonía en la solitaria. Que no se diga que esta criatura nos fue enviada como castigo a nuestros pecados, porque tiene un predominio mayor entre los animales que entre los seres humanos. Supongo que quien formula la pregunta está pensando en cosas tales como la belleza de un firmamento estrellado. Pero debe recordarse que las estrellas estallan de vez en cuando, y reducen a una vaga niebla cuanto se halla en sus proximidades. La belleza, en todo caso, es subjetiva y solamente existe en el ojo del que observa.

¿CÓMO EXPLICAN LOS AGNÓSTICOS LOS MILAGROS Y OTRAS REVELACIONES DE LA OMNIPOTENCIA DIVINA?

Los agnósticos no creen que exista ninguna prueba de "milagros" en el sentido de sucesos contrarios a la ley natural. Sabemos que se da la fe curativa, pero en ningún sentido es milagrosa. En Lourdes ciertas enfermedades pueden curarse y otras no. Las que pueden curarse allí probablemente puede curarlas también cualquier médico en quien tuviera fe el paciente. En cuanto a otros milagros, tales como el de Josué ordenando al sol que se detuviera, el agnóstico se desentiende de ellos como de simples leyendas e indica el hecho de que todas las religiones disponen abundantemente de tales leyendas. Tanta prueba milagrosa hay respecto a los dioses griegos de Homero como en la Biblia respecto al Dios cristiano.

HA HABIDO PASIONES BAJAS Y CRUELES, A LAS CUALES SE OPONE LA RELIGIÓN. SI SE ABANDONASEN LOS PRINCIPIOS RELIGIOSOS, ¿PODRÍA EXISTIR LA HUMANIDAD?


La existencia de pasiones crueles y bajas es innegable, pero no encuentro en la historia pruebas de que la religión se haya opuesto a esas pasiones. Por el contrario, las ha santificado y ha posibilitado que la gente las abrigase sin remordimiento. Las persecuciones crueles han sido más comunes en la cristiandad que en ninguna otra parte. Lo que parece justificar la persecución es la creencia dogmática. La bondad y la tolerancia sólo prevalecen en la medida en que decae la tendencia dogmática. En nuestros días, ha surgido una nueva religión dogmática: el comunismo. A éste, como a otros sistemas dogmáticos, se opone el agnóstico. El carácter persecutorio del comunismo actual es exactamente igual al carácter persecutorio del cristianismo en siglos anteriores. El que el cristianismo se haya hecho menos persecutorio se debe a labor de los librepensadores, que han hecho a los dogmáticos un tanto menos dogmáticos. Si fuesen ahora tan dogmáticos como en otros tiempos, seguirían pensando que era justo quemar herejes en la hoguera. El espíritu de tolerancia que algunos cristianos modernos consideran como esencialmente cristiano es, de hecho, un producto del temperamento que admite la duda y se muestra receloso respecto a las certidumbres absolutas. Estimo que cualquiera que estudie la historia pretérita con espíritu imparcial, llegará a la conclusión de que la religión ha causado más sufrimientos de los que ha impedido.

¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LA VIDA PARA EL AGNÓSTICO?

Me siento inclinado a responder con otra pregunta: ¿Cuál es  el sentido del "significado de la vida"? Supongo que lo que se quiere significar es algún propósito general. No creo que la vida en general tenga ningún propósito. Sucedió, simplemente. Pero los seres humanos individuales tienen propósitos, y no hay nada en el agnóstico que les impulse a abandonar esos propósitos. Naturalmente, no pueden tener la seguridad de alcanzar los resultados que se proponen; pero cualquiera pensaría mal de un soldado que rehusase combatir, a menos que tuviese asegurada la victoria. La persona que necesita de la religión para mantener sus propios propósitos es una persona timorata, y no puedo pensar tan bien de ella como del hombre que prueba fortuna, admitiendo que no es imposible la derrota.

NEGAR LA RELIGIÓN, ¿NO SIGNIFICA TAMBIÉN NEGAR EL MATRIMONIO Y LA CASTIDAD?

De nuevo, se impone responder con otra pregunta: Quien formula esta pregunta, ¿cree que el matrimonio y la castidad contribuyen a la felicidad terrena aquí abajo, o considera que, aunque causen dolor aquí abajo, debe abogarse por ellos como medio para alcanzar el cielo? El que adopte el último punto de vista pensará, sin duda, que el agnosticismo conducirá a la decadencia de lo que él llama virtud, pero tendrá que admitir que lo que él llama virtud no es lo que provee la felicidad de la especie humana aquí en la Tierra. Si, por otra parte, adopta el primer punto de vista, es decir, que hay argumentos terrestres en favor del matrimonio y la castidad, también ha de admitir que esos argumentos son de tal índole, que resultan susceptibles de atraer a un agnóstico. Los agnósticos, como tales, no sustentan criterios distintivos respecto a la moralidad sexual. Pero la mayoría de ellos admitirán que hay argumentos válidos contra la satisfacción sin trabas de los deseos sexuales. Sin embargo, esos argumentos los extraerían de fuentes terrenales y no de supuestos mandamientos divinos.

¿NO ES UN CREDO PELIGROSO LA SOLA FE EN LA RAZÓN? ¿NO ES IMPERFECTA E INADECUADA LA RAZÓN, SIN LEY ESPIRITUAL Y MORAL?

Ningún hombre sensato, por muy agnóstico que sea, tiene "fe solamente en la razón". La razón se ocupa de cuestiones de hecho, unas observadas, otras deducidas. La cuestión de si hay una vida futura y la cuestión de si hay un Dios se refieren a cuestiones de hacho, y el agnóstico sostiene que deben ser investigadas de la misma forma que la cuestión "¿Habrá mañana un eclipse de Luna?". Pero las cuestiones de hecho, solas, no son suficientes para determinar la acción, puesto que no nos dicen qué fines debemos perseguir. En el reino de los fines, necesitamos algo más que la razón. El agnóstico hallará sus fines en su propio corazón y no en un mandamiento externo. Pongamos un ejemplo: Supongamos que usted desea ir de Nueva York a Chicago por ferrocarril; hará uso de la razón para averiguar cuándo parten los trenes, y se consideraría bastante estúpida a cualquier persona que creyera poseer alguna facultad de penetración o intuición que le permitiera prescindir de la guía de los ferrocarriles. Sin embargo, ninguna guía podrá decirle si es o no prudente ir a Chicago. Sin duda, al decidir que sí lo es, el hombre en cuestión habrá de tener en cuenta otras cuestiones de hecho; pero, detrás de todas las cuestiones de hecho, estarán los fines que juzga adecuados a su propósito, y éstos, tanto para un agnóstico como para otros hombres, pertenecen a un reino que no es el de la razón, aunque en modo alguno sea contrario al mismo. El reino a que me refiero es el de la emoción y el sentimiento y el deseo.

¿CONSIDERA USTED A TODAS LAS RELIGIONES COMO FORMAS DE SUPERSTICIÓN O DE DOGMA? ¿A CUAL DE LAS RELIGIONES EXISTENTES RESPETA USTED MÁS Y POR QUÉ?

Todas las grandes religiones organizadas que han dominado a grandes poblaciones, han implicado una cantidad mayor o menor de dogma; pero "religión" es una palabra cuyo significado no es muy concreto. Al confucianismo, por ejemplo, podría aplicársele el nombre de religión, aunque no implique ningún dogma. Y, en algunas formas del cristianismo liberal, el factor dogmático queda reducido al mínimo.

De las grandes religiones de la historia, prefiero al budismo, especialmente en sus formas primitivas, porque tuvo el elemento más mínimo de persecución.

EL COMUNISMO, COMO EL AGNOSTICISMO, SE OPONE LA RELIGIÓN. ¿SON COMUNISTAS LOS AGNÓSTICOS?

El comunismo no se opone a la religión. Meramente se opone a la religión cristiana, lo mismo que hace el mahometismo. El comunismo, al menos en la forma preconizada por el gobierno soviético y el Partido Comunista, es un nuevo sistema dogmático de una clase singularmente virulenta y persecutoria. Por lo tanto, todo agnóstico verdadero debe oponerse a él.

¿CREEN LOS AGNÓSTICOS QUE LA CIENCIA Y LA RELIGIÓN SON IMPOSIBLES DE RECONCILIAR?

La pregunta se remite a lo que se entiende por "religión". Si "religión", significa meramente un sistema de ética, puede reconciliarse con la ciencia. Si significa un sistema basado en el dogma, considerado como incuestionablemente verdadero, entonces es incompatible con el espíritu científico, que rehúsa aceptar cuestiones de hecho sin pruebas, y también sostiene que la completa certidumbre será difícilmente asequible jamás.

¿QUÉ CLASE DE PRUEBA LE CONVENCERÍA DE LA EXISTENCIA DE DIOS?

Creo que si oyese una voz procedente del cielo, que predijera todo lo que iba a sucederme en el curso de las veinticuatro horas siguientes, incluyendo acontecimientos que hubieran parecido sumamente improbables, y si luego tuvieran lugar todos esos acontecimientos, quizá me convencería, al menos, de la existencia de alguna inteligencia sobrehumana. Puedo imaginarme otras pruebas de la misma índole que podrían convencerme, pero, que yo sepa, tales pruebas no existen.




(Look Magazine, Copyright © 1953 Cowles Magazine, Inc., subsiguientemente reimpreso en The Religion of  America, ed. Leo Rosten, Londres: Heinemann.)

sábado, 14 de abril de 2012

La ciudad universitaria

Vista del pabellón 2 de la Ciudad Universitaria de Buenos Aires.

Se denomina así al conjunto de instituciones universitarias (Facultades, Residencias), concentradas en un lugar determinado. La ciudad universitaria moderna quiere ser una revivificación de las clásicas universidades medievales, en las que los alumnos no sólo aprendían, sino que vivían en ellas. Para ello contaban con colegios, en los que se agrupaban los alumnos de las diversas nacionalidades.

En la actualidad, casi todos los países tratan de construir ciudades universitarias. La más conocida de ellas es la Ciudad Universitaria de París, fundada después de la primera guerra mundial por iniciativa particular, aunque patrocinada por las autoridades oficiales. En la actualidad esta ciudad tiene numerosos colegios de diferentes países, y disfruta de autonomía en su funcionamiento.

Otras ciudades universitarias existen en Madrid, Roma y en algunas repúblicas hispanoamericanas, como Venezuela, Perú, Brasil, México, etc. La ciudad universitaria en los Estados Unidos no recibe esta denominación sino la genérica de campus. En todas ellas, existen instalaciones para deportes, comedores, dormitorios, etc. 

La ciudad universitaria tiene la ventaja de dar una unidad a la universidad, evitando la dispersión de las Facultades en diferentes lugares, y la de facilitar al estudiante su vida económica y escolar. Para ello cuenta o debe contar con bibliotecas, laboratorios, clases y cursos independientemente de las de las enseñanzas ordinarias de las Facultades. En las ciudades universitarias existen también disposiciones para la educación estética, en forma de conciertos y coros, representaciones teatrales, cine documental, etc. 

El peligro de las ciudades universitarias es que sus fundadores destinen todos sus medios y recursos a la parte material, a los edificios, en perjuicio de la vida científica y educativa. Por ello deben ser lo más sencillas y funcionales posible, evitando lo monumental y decorativo.


Bibliografía: L. LUZURIAGA, "La Ciudad Universitaria de París" en "La educación de nuestro tiempo", Buenos Aires, Losada, 1960. LUCIEN MAURY, "La cité universitaire de Paris", Édition Stock, 1947. SIR ERNEST BARKER, "British Universities", London, Longman, 1949.


Del "Diccionario de Pedagogía" de Lorenzo Luzuriaga; Editorial Losada, Buenos Aires, 1960.