De "La Pluma", Montevideo. Año III, 1/11/1927.
viernes, 20 de enero de 2017
sábado, 8 de octubre de 2016
A 500 años del descubrimiento del Río de la Plata, Juan Varese redescubre a Solís
LOS VIAJES DE JUAN DÍAZ DE SOLÍS Y EL DESCUBRIMIENTO DEL RÍO DE LA PLATA
Autor: Juan Antonio Varese
Editor: Ediciones de la Banda Oriental
Editor: Ediciones de la Banda Oriental
Juan Díaz de Solís descubrió el Río de la Plata. Fue un explorador nato que tras una vida de viajes asombrosos encontró la muerte en forma trágica en las costas del Mar Dulce. Juan Antonio Varese es, sin duda, el autor uruguayo más indicado para profundizar en la biografía de este pionero de discutida nacionalidad. Con una decena de títulos escritos sobre naufragios y aventuras del mar, Varese no solo redescubre la figura de Solís a 500 años de su desembarco en la bahía de Maldonado sino que revisa la historia toponímica: de cómo el Paraná Guazú terminó siendo llamado Río de la Plata.
NOTA: Recomiendo muy especialmente este libro del notable historiador uruguayo Juan Antonio Varese que acaba de ser publicado por la editorial Banda Oriental y está disponible en la librería de la editorial sita en la Avda. 18 de Julio 1618, en el hall del Teatro el Galpón o en las principales librerías del país
viernes, 22 de abril de 2016
El hundimiento del Titanic en tiempo real
En la madrugada del 15 de abril de 1912 el RMS
Titanic se iba a pique poco más de dos horas y media después de haber
chocado con un iceberg, a pesar de que se suponía que no se podía
hundir, llevándose consigo 1514 personas de las 2223 que iban a bordo.
En este vídeo, que forma parte de los materiales que se están
preparando para el juego Titanic: Honor and glory, se puede seguir
minuto a minuto el hundimiento de este leviatán –para aquel entonces,
ahora se queda pequeño– de los mares. Mejor verlo a pantalla completa y
con altavoces.
Incluye tomas desde varios ángulos, vistas del interior del barco, y
anotaciones con lo que está pasando en cada momento. Eso sí, no salen
Leonardo di Caprio ni Kate Winslet, lo que, a mi modo de ver, juega
mucho a su favor. Está en tiempo real, así que dura 2 horas y 41
minutos; empieza poco más de un minuto antes del choque con el iceberg.
Vía: Microsiervos
miércoles, 30 de marzo de 2016
El mito peronista
Mucho se ha discutido sobre el mito del peronismo, fenómeno
auténticamente popular y argentino. Durante largo tiempo se fabricó un
mito antiperonista, un antimito. Pero este antimito era evidente
expresión subsidiaria de los mitos liberales degradados. Las clases
dirigentes de la Argentina siempre estuvieron más abiertas hacia todo lo
importado que hacia lo argentino y nunca fueron capaces de entender al
pueblo. Su egoísmo los hacía soñar con una democracia meramente formal
en la que tenían un papel privilegiado. Aunque el peronismo fue un mito,
en el sentido de que centraba todas sus aspiraciones populares en un
líder, en un personaje-símbolo, sin embago se trataba de un mito
altamente dinámico durante un largo período, porque esas aspiraciones de
progreso económico, de dignidad humana, de derechos reconocidos, eran
plenamente legítimas.
No interesa discutir aquí la eficacia política y económica de un período de la historia argentina, ni es necesario señalar errores y aciertos, lo que hay que notar es que sin una mística no se construye un país, que esta mística necesita símbolos impulsores dinámicos y una convicción que arrastre a grandes masas y que eso se verificó en ese período histórico y hasta ahora no volvió a darse. En ese sentido, para la Argentina, el peronismo fue constructivismo, más constructivo que las teorías marxistas y los esquemas y los esquemas neocapitalistas porque surgió de lo nacional, sin copiar ni importar soluciones y porque fue popular y sin pueblo no hay verdadero cambio social.
Fragmento del libro "Los Mitos" de Pedro Geltman. Carlos Péres editor, Buenos Aires, 1969, p. 123.
No interesa discutir aquí la eficacia política y económica de un período de la historia argentina, ni es necesario señalar errores y aciertos, lo que hay que notar es que sin una mística no se construye un país, que esta mística necesita símbolos impulsores dinámicos y una convicción que arrastre a grandes masas y que eso se verificó en ese período histórico y hasta ahora no volvió a darse. En ese sentido, para la Argentina, el peronismo fue constructivismo, más constructivo que las teorías marxistas y los esquemas y los esquemas neocapitalistas porque surgió de lo nacional, sin copiar ni importar soluciones y porque fue popular y sin pueblo no hay verdadero cambio social.
Fragmento del libro "Los Mitos" de Pedro Geltman. Carlos Péres editor, Buenos Aires, 1969, p. 123.
miércoles, 16 de marzo de 2016
Porqué debemos conocer el pasado
El mundo está habitado por pueblos muy diferentes unos de otros en su vida y en sus costumbres. Algunos, como los negros africanos o los indígenas de Australia y Melanesia, viven agrupados en pequeñas comunidades o tribus, habitan chozas rústicas, conocen apenas la agricultura y demuestran, en todo sentido, un desarrollo intelectual muy escaso. Cuando nos referimos a ellos les llamamos "salvajes".
En
cambio en Europa, América y buena parte de Asia, encontramos pueblos
sumamente cultos, que han logrado, gracias a su inteligencia y a sus
esfuerzos, un nivel de vida muy superior. Forman granes comunidades que
se denominan Estados, en los que existen ciudades cuya población se
cuenta a veces por millones de habitantes. Saben construir enormes
edificios, estudian con ardor las ciencias que les revelan los secretos
de la naturaleza y han inventado máquinas mediante las cuales el trabajo
humano multiplica sus posibilidades. Decimos de ellos que son pueblos
"cultos" o "civilizados".
Ninguna
nación actual puede atribuirse el honor de ser la creadora única de
dicha civilización. Esta es la resultante de los esfuerzos acumulados
durante siglos por los hombres de todos los tiempos y de todos los
lugares. Es un legado que hemos recibido y que procuramos acrecentar en
lo posible. Por eso hay que conocer el pasado para poder explicar el
presente.
La
curiosidad por saber que es lo que sucedió en el mundo antes antes de
que nosotros existiéramos es, pues, un verdadero deber. La Historia es
la disciplina que trata de satisfacer esa curiosidad, investigando todo
lo referente al pasado humano. Para ello necesita, en primer término,
proyectar los conocimientos en el tiempo, estableciendo entre éstos una
relación de proximidad o de distancia que se llama "relación
cronológica".
Necesita,
además, ubicar los sucesos en un determinado lugar, para lo cual le es
imprescindible la ayuda de la Geografía, que se presenta, así, como
hermanada a la Historia, porque aquella fija en el espacio los hechos
que ésta analiza en el tiempo.
Pero
el problema que sustancialmente obsesiona al historiador es el de
establecer como se produjeron los acontecimientos y en que relación de
causa a efecto se hallan los unos con los otros. La Historia deberá, en
consecuencia, responder, siempre, a estas preguntas decisivas: ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo? y ¿por qué?.
Introducción
a "Prehistoria y Oriente" de Oscar Secco Ellauri y Pedro Daniel
Baridón; Casa A. Barreiro y Ramos, Montevideo, 1937.
domingo, 13 de marzo de 2016
Un paseo por la cocina mexicana
Muy excitante, la cocina mexicana utiliza una cantidad prodigiosa de
especias. Las frutas se emplean frecuentemente como legumbres, al lado
del maíz, que es la base de todos los platos. Se conocen, en México,
casi todas las frutas y legumbres europeas. Sin embargo, el clima y el
suelo favorecen mucho el crecimiento de todas las especies de cacto, que
aparecen en la cocina, en un gran número de platos: una vez
desprovistos de sus espinas son legumbres excelentes, además de
abastecer de un alcohol muy popular. El condimento que está más en facor
es el "chilli", variedad americana de guindilla muy picante, de la que
se extrae la pimienta de Cayena: sazona prácticamente
todos los platos. Los mexicanos la emplean de diversas formas, pero
casi siempre molida en polvo o mezclada al tomate en una salsa muy
popular que se llama el mole. Hay varias clases de chili que van del rojo al rubio sombrío.
Buey, ternera y cerdo son las carnes que se consumen habitualmente, pero también se aprecia el carnero. El ave más corriente es el pavo que se llama, siguiendo el nombre de origen indio que imita su graznido: guajolote. No hay comida de fiesta sin el pavo tradicional. Se consume algo el pato salvaje, sobre todo en las comarcas rurales. El guajolote y el pato eran los únicos volátiles conocidos y han tenido que pasar muchos años desde la llegada de los conquistadores, para que los pollos aportados por los españoles se hayan transformado en un manjar de consumo habitual.
El maíz es el cereal alimenticio básico y lo mismo que los españoles no pueden pasarse sin pan, los mexicanos no pueden vivir sin las tortillas que son tortas de harina de maíz cocidas en un plato de arcilla. A pesar de que los restaurantes de las ciudades y la sociedad acomodada, han adoptado hoy día, los panecillos de trigo, al estilo europeo, la tortilla continúa siendo el pan del pueblo.
Los mexicanos no emplean la manteca de cerdo prácticamente, más que para la cocina y no utilizan la mantequilla más que fresca en tostadas... Sin embargo, el empleo de aceite de oliva tiende a generalizarse desde hace algunos años, y en todo el país se desarrolla el cultivo de los olivos, cuya plantación data de la última emigración española.
Con las tortillas y el arroz, los frijoles (pequeñas judías negras muy harinosas) tienen el primer lugar en las comidas mexicanas, donde se encuentran diariamente. Se hace, sin embargo, un gran consumo de ciertas legumbres y frutos típicamente americanos, tales como los nopales, variedad de cactáceas a raquetas, los chayotes que se parecen a los calabacines trepadores en forma de peras, las tunas, higos de Berbería (cactos) y el mamey (calabaza).
Es curioso hacer notar que la cocina mexicana emplea corrientemente la patata (que los españoles importaron de Nuevo Mundo para alimentar su gran número de tropas en Flandes), y sin embargo, desconoce totalmente la excelencia de las patatas fritas.
Los quesos mexicanos son casi todos de cabra. Los enchilados se llaman así porque se recubren de una corteza espesa de chile que les da una hermosa coloración roja parecida a la de los quesos de Holanda y les comunica una fuerte sabor muy particular.
Los ates, expresión de origen indio, designan las jaleas que ocupan un gran lugar en los postres mexicanos. Se hacen los ates con todas las frutas, e incluso, a veces, con... sus pepinos.
El clima de México es eminentemente favorable a la viña y se consumen muchas uvas. La cosecha empieza en el mes de junio prosigue hasta octubre; la recolección más fuerte tiene lugar en julio-agosto. Pero, contrariamente a las cosechas europeas, las vendimias se continúan en México hasta enero, y, a veces, hasta abril. Se encuentran, pues, uvas frescas todo el año, pero su precio varía considerablemente según las estaciones. La producción total de uva en México, supera las 25.000 toneladas anuales.
El desayuno es ordinariamente muy abundante. En el campo se compone de un café muy ligero, tortillas y frijoles. Pero en las ciudades, el café con leche se acompaña de panecillos a la europea (que deben su nombre a su forma: conchas, campechanas, etc.), servidos frecuentemente con mantequilla: el café viene precedido de una lonja de papaya, melón alargado y muy dulce, cuyas cualidades alimenticias y estomacales, son, parece ser, extraordinarias, y se acompaña de un vaso de leche fresca.
Las tradiciones culinarias están lejos de ser más estrictas que un proceso judicial. He aquí sin embaro un menú de fiesta familiar bastante característico: caldo de pavo, arroz con tomate, pavo al mole, frutos, queso de cabra, pastel de leche.
Buey, ternera y cerdo son las carnes que se consumen habitualmente, pero también se aprecia el carnero. El ave más corriente es el pavo que se llama, siguiendo el nombre de origen indio que imita su graznido: guajolote. No hay comida de fiesta sin el pavo tradicional. Se consume algo el pato salvaje, sobre todo en las comarcas rurales. El guajolote y el pato eran los únicos volátiles conocidos y han tenido que pasar muchos años desde la llegada de los conquistadores, para que los pollos aportados por los españoles se hayan transformado en un manjar de consumo habitual.
El maíz es el cereal alimenticio básico y lo mismo que los españoles no pueden pasarse sin pan, los mexicanos no pueden vivir sin las tortillas que son tortas de harina de maíz cocidas en un plato de arcilla. A pesar de que los restaurantes de las ciudades y la sociedad acomodada, han adoptado hoy día, los panecillos de trigo, al estilo europeo, la tortilla continúa siendo el pan del pueblo.
Los mexicanos no emplean la manteca de cerdo prácticamente, más que para la cocina y no utilizan la mantequilla más que fresca en tostadas... Sin embargo, el empleo de aceite de oliva tiende a generalizarse desde hace algunos años, y en todo el país se desarrolla el cultivo de los olivos, cuya plantación data de la última emigración española.
Con las tortillas y el arroz, los frijoles (pequeñas judías negras muy harinosas) tienen el primer lugar en las comidas mexicanas, donde se encuentran diariamente. Se hace, sin embargo, un gran consumo de ciertas legumbres y frutos típicamente americanos, tales como los nopales, variedad de cactáceas a raquetas, los chayotes que se parecen a los calabacines trepadores en forma de peras, las tunas, higos de Berbería (cactos) y el mamey (calabaza).
Es curioso hacer notar que la cocina mexicana emplea corrientemente la patata (que los españoles importaron de Nuevo Mundo para alimentar su gran número de tropas en Flandes), y sin embargo, desconoce totalmente la excelencia de las patatas fritas.
Los quesos mexicanos son casi todos de cabra. Los enchilados se llaman así porque se recubren de una corteza espesa de chile que les da una hermosa coloración roja parecida a la de los quesos de Holanda y les comunica una fuerte sabor muy particular.
Los ates, expresión de origen indio, designan las jaleas que ocupan un gran lugar en los postres mexicanos. Se hacen los ates con todas las frutas, e incluso, a veces, con... sus pepinos.
El clima de México es eminentemente favorable a la viña y se consumen muchas uvas. La cosecha empieza en el mes de junio prosigue hasta octubre; la recolección más fuerte tiene lugar en julio-agosto. Pero, contrariamente a las cosechas europeas, las vendimias se continúan en México hasta enero, y, a veces, hasta abril. Se encuentran, pues, uvas frescas todo el año, pero su precio varía considerablemente según las estaciones. La producción total de uva en México, supera las 25.000 toneladas anuales.
El desayuno es ordinariamente muy abundante. En el campo se compone de un café muy ligero, tortillas y frijoles. Pero en las ciudades, el café con leche se acompaña de panecillos a la europea (que deben su nombre a su forma: conchas, campechanas, etc.), servidos frecuentemente con mantequilla: el café viene precedido de una lonja de papaya, melón alargado y muy dulce, cuyas cualidades alimenticias y estomacales, son, parece ser, extraordinarias, y se acompaña de un vaso de leche fresca.
Las tradiciones culinarias están lejos de ser más estrictas que un proceso judicial. He aquí sin embaro un menú de fiesta familiar bastante característico: caldo de pavo, arroz con tomate, pavo al mole, frutos, queso de cabra, pastel de leche.
De "El Mundo en la Mesa" de Doré Ogrizek. Ediciones Castilla, Madrid, 1960.
miércoles, 9 de marzo de 2016
Montevideo, según Thiers
"¿Sabéis lo qué es Montevideo?... Es una ciudad francesa, de cultura francesa, de gente francesa... ¿Sabéis quienes gobiernan Montevideo? Jóvenes muy distinguidos, educados a la francesa."
Adolphe Thiers (1797-1877), primer ministro francés.
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